Opinión

Urge transformar los simulacros en cultura de prevención

12 de octubre de 2026

Por meses se han divulgado en Panamá las devastadoras consecuencias de sismos y terremotos en diversas partes del mundo; sin embargo, nadie resulta inmune al temor cuando la tierra tiembla en suelo patrio. El pasado viernes, el país registró uno de los movimientos telúricos más intensos de las últimas décadas y la reacción en las calles dejó al descubierto la persistente falta de preparación ciudadana, pues la gran mayoría de la población no supo cómo actuar ni hacia dónde dirigirse durante y después del evento sísmico.

Paradójicamente, apenas unas horas antes de que ocurriera la sacudida, los estamentos de seguridad y emergencia habían desarrollado simulacros nacionales diseñados de manera precisa para instruir a la comunidad sobre cómo afrontar este tipo de contingencias. Aunque la actividad contó con difusión mediática, predominó el desinterés generalizado, una desatención que terminó pagándose cara al momento en que la amenaza real puso a prueba la capacidad de respuesta colectiva.

Entre los principales fallos que requieren una corrección inmediata figuró el colapso recurrente de las redes de telefonía móvil e internet, provocado por la saturación de tráfico que suele registrarse durante las crisis. Asimismo, el tránsito vehicular en la capital colapsó de forma drástica, generando embotellamientos que paralizaron tanto a conductores como a peatones. En las vías públicas, numerosas personas permanecieron aglomeradas junto a las fachadas de las edificaciones, expuestas al desprendimiento de cristales, mampostería u otros objetos que pudieron causar lesiones graves o pérdidas humanas, todo por desconocer la ubicación de los puntos de encuentro y las zonas seguras de su entorno. Para agravar el escenario, la falta de información provocó que muchos reingresaran a los inmuebles sin una inspección previa de evaluación estructural, quedando expuestos o atrapados durante las réplicas que se sucedieron de manera posterior.

Pese al caos organizativo y vial que se suscitó en la ciudad capital a raíz del cierre preventivo de infraestructuras clave como el Puente Centenario y el Metro de Panamá, la jornada también permitió visibilizar aspectos sumamente positivos, entre los que destacó la solidaridad ciudadana. Diversos comerciantes y empresarios locales distribuyeron agua potable y asistencia a los cientos de trabajadores que debieron caminar largas distancias ante la falta de transporte público. Del mismo modo, el evento sirvió para ratificar la alta calidad técnica de la industria de la construcción en el país: desde ingenieros y arquitectos hasta obreros de la edificación demostraron un trabajo riguroso que permitió que losas, vigas y pilastras soportaran con firmeza la violencia del movimiento telúrico. A su vez, el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá desempeñó un rol fundamental mediante la emisión oportuna y precisa de reportes técnicos sobre la magnitud, el epicentro y el desarrollo del fenómeno natural.

Frente a esta experiencia, las instituciones del Estado, las empresas privadas y la sociedad civil deben tomar conciencia plena de que el territorio nacional no está exento de afrontar desastres naturales de gran magnitud. Resulta indispensable diseñar e implementar protocolos de evacuación permanentes que trasciendan la teoría, se transformen en hábitos ciudadanos y se ejecuten con disciplina en cualquier momento. La preservación de la vida, la seguridad y el bienestar de la población deben constituir la máxima prioridad, sin esperar a que una nueva catástrofe vuelva a tomar al país por sorpresa.

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