Un año, las cosas se pusieron muy difíciles. La empresa donde trabajaba quebró y pasamos meses con lo justo. Mi gran ilusión era un viaje escolar de fin de año al que todos mis amigos iban a ir, pero yo sabía que económicamente era imposible.
Vi en las redes sociales un video ilustrativo para los escolares de Asia, de obreros, trabajadores, hombres con las manos agrietadas, sudadas y laceradas, espaldas con la piel rota, hombros y pies lacerados por el fragor de sus trabajos, esfuerzo de los padres por mandarlos a la escuela y recordé esta anécdota.
Hubo un tiempo en que me avergonzaba de las manos...