Opinión

Si no es divertido, escribir no tiene sentido

01 de agosto de 2019

Días como hoy, en que me siento absorbido por la rutina laboral, levantarme a las 4:00 a.m., hacerles el desayuno a mis hijas, el llevarlas y recogerlas del colegio, es mi diario vivir. Llego a casa hacemos los deberes escolares y, luego de marcar cerca de 18 horas despierto, tengo que enfrentarme a una realidad inmersa en mí... sentarme frente al computador y someterme a la frustración de tener una página en blanco hace días; y preguntarme ¿Por qué escribo?
Como la mayoría de las buenas preguntas, esta tiene una difícil respuesta, me atrevería a decir que ni siquiera yo tengo muy claro porque lo hago.
Escribo para mí, o a veces, como hoy, escribo porque siento que se lo debo a los demás... escribo porque me gusta leer y me encantaría aprender a escribir mejor cada día. Escribo porque me he creado una adicción y porque lo necesito.
Me he percatado que no puedo parar de hacerlo, escuche una vez que: escribir es un acto de liberación "...y una condena a la que nadie te obliga sino tú mismo".
Cada vez que me desmotivo, me motivaba a escribir, empecé con temas políticos y sociales a principios de 2013; costándome una persecución política laboral, para luego iniciar mi travesía en la diversidad de temas que gentilmente algunos medios me han permitido compartir.
No sé si a los demás, pero a mí me hace feliz hacer lo que me gusta, que es leer, escribir, ver películas, escuchar música, comer, beber y sobre todo compartir en familia. Hay cosas que me hacen sentir más satisfecho que otras, no necesariamente feliz. Son las cosas en las que siento que "toqué fondo", que nadie o casi nadie antes ha tocado así como yo.
En el ínterin de los eventos; tratando de moldearme buscando respuestas sensatas a la estupidez de la vida, busqué afanosamente modelos a seguir que cuyos valores fueran mi fortaleza; mi padre fue uno de ellos y, gracias a su ejemplo, hoy nada más quiero ser yo y seguir haciendo lo que hago.
*El autor es docente.