Vivimos rodeados de ruido. Opiniones, prisas, pantallas y promesas ocupan cada rincón de nuestros días, hasta el punto de olvidar el sonido más importante: el de nuestra propia conciencia. Solo cuando el mundo calla descubrimos cuánto hemos dejado de escucharnos.
Un viaje en silencio no consiste en escapar de los demás, sino en regresar a uno mismo. Durante ese camino invisible comprendemos que muchas respuestas nunca estuvieron lejos; simplemente quedaron enterradas bajo el peso del miedo, las expectativas ajenas y la necesidad constante de demostrar quiénes somos.
El silencio incomoda porque...