Déjalos que crean que la caída te rompió, que el golpe fue demasiado fuerte y que de esa herida no volverías a levantarte. Déjalos imaginar que el silencio en el que entraste era derrota, cuando en realidad era reconstrucción. Hay batallas que no se anuncian, dolores que se enfrentan a puertas cerradas y renacimientos que suceden lejos de los aplausos.
La vida tiene la extraña costumbre de llevarnos al suelo para mostrarnos de qué estamos hechos. En la caída se rompen certezas, máscaras y compañías. Muchos observan desde lejos; algunos murmuran, otros disfrutan la escena, y no faltan quienes esconden...