Panamá avanza, pero el plato de comida en la casa todavía espera
Panamá volvió a recibir una buena noticia: la economía creció 4.8% en el primer trimestre de 2026, según cifras divulgadas por el Ministerio de Economía y Finanzas con base en datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC). Ese número no es cualquier cosa. En una región que avanza lento, Panamá demuestra que todavía tiene motor, ubicación, talento y capacidad para levantarse.
Pero el panameño de a pie no vive del porcentaje. Vive del salario, del empleo, del costo de la comida, del agua que llega a la casa, del transporte, de la escuela de sus hijos y de la atención médica que muchas veces se demora más de lo justo. Por eso, cuando se anuncia crecimiento, la pregunta correcta no es solo cuánto subió el Producto Interno Bruto (PIB), sino cuándo ese crecimiento se va a sentir en la mesa familiar.
El propio INEC nos obliga a mirar el cuadro completo: desempleo total de 10.4% en septiembre de 2025 y empleo informal de 49.3% en octubre de 2024. Eso significa que casi la mitad de quienes trabajan lo hacen sin la estabilidad que da un empleo formal. Allí está la preocupación real: Panamá crece, pero todavía demasiadas familias siguen resolviendo el día a día como pueden.
Ahora bien, no escribo esto desde el pesimismo, al contrario, Panamá tiene con qué salir adelante. El Canal cerró el año fiscal 2025 con ingresos por B/.5,705 millones, 13,404 tránsitos y 489.1 millones de toneladas CP/SUAB, según la Autoridad del Canal de Panamá. Tenemos puertos, banca, conectividad, posición geográfica y sectores productivos que pueden generar riqueza si los dejamos trabajar.
La clave está en convertir crecimiento en bienestar. Para eso necesitamos decisiones concretas: formar técnicos para los sectores que sí están contratando; acelerar obras públicas con transparencia; atraer inversión privada seria; simplificar trámites que hoy espantan oportunidades; y dar seguridad jurídica a quien quiere producir, invertir y generar empleo. Sin inversión no hay empleo, y sin empleo formal no hay verdadera justicia social.
También debemos llevar el desarrollo al interior. Cada provincia necesita una vocación económica clara: agroindustria, turismo, logística, energía, tecnología, minería responsable, ambiente, construcción, servicios o manufactura. Cuando una comunidad produce, los jóvenes no tienen que irse. Cuando hay empleo cerca, la familia se queda unida. Cuando el Estado facilita en vez de estorbar, la esperanza vuelve a caminar por los pueblos.
Panamá no necesita más discursos contra todo. Necesita orden, ejecución y confianza. Criticar es fácil; construir toma más valor. No se defiende al pueblo cerrándole las puertas al empleo ni paralizando oportunidades. Se defiende creando condiciones para que el panameño trabaje, progrese y viva mejor.
Yo sí creo en Panamá. Creo en el empresario que arriesga, en el trabajador que madruga, en el joven que quiere aprender y en la madre que no pierde la fe aunque el mes venga duro. El crecimiento económico no debe quedarse en una gráfica. Tiene que convertirse en comida en la mesa, agua en la casa, empleo en la comunidad y esperanza para los hijos. Ese es el verdadero reto nacional: que los buenos números también se sientan en la vida real.
*El autor es empresario | CEO GRUPO CAMSA Panamá | Especialista en Desarrollo de Proyectos de Alto Impacto y Sostenibilidad Empresarial | Ex Presidente de la Cámara Minera de Panamá