Panamá tiene derecho a protestar. Ese derecho no se discute. Lo que sí debemos discutir, con la misma firmeza, es cuándo una protesta deja de representar una causa ciudadana y se convierte en una plataforma política disfrazada de indignación.
En las últimas semanas hemos visto nuevamente marchas contra la minería y contra cualquier intento de analizar el futuro productivo del país. Respeto al ciudadano que marcha con preocupación sincera. Pero no puedo quedarme callado frente a quienes usan las necesidades del pueblo como escalera para llegar a una papeleta en 2029. Hay dirigentes que hoy se presentan...