Opinión

Irrepetible Rubencito

11 de junio de 2026

Hay quienes desafian cualquier intento de clasificación. Rubén Murgas no califica como un hombre perfecto. Tenía un bulto de defectos. Pero, poseía ese rasgo esquivo que los politólogos llaman “carisma”, y los amigos, “gancho”, que lo hacía invulnerable.

La gente así se da lujos. Mienten con la versión que uno necesita y nadie desea desmentir. Inventan excusas disparatadas para no cumplir promesas. Y en lugar de perder amigos, los multiplica. Son perdonables hasta de lo que abusan. Rubén, siendo un observador preciso de lo humano, manejaba el halago como un artista maneja el pincel.

Panamá se conduele con su partida. Basta asomarse a los periódicos de hoy, a sus crónicas llenas de esquelas y testimonios Excepción La Prensa- Rubén era PRD. De estatura corta, como si la naturaleza hubiera querido concentrar en poco espacio una personalidad inolvidable, Rubencito compensaba con un carácter encantador.

No era hombre de rencillas eternas ni de orgullos inútiles. Su arma era otra: una capacidad sobresaliente para detectar el punto exacto hacia dónde dirigir el cumplido. Sabía ganar el cariño con el decir exacto de lo que el interlocutor necesitaba escuchar, En un mundo de sordos y egoistas, es un don.

Él mismo se ufanaba de aquello con una frase que lo resume por completo:”Yo no tengo la culpa de tener amigos millonarios”. Lo decía con su gran gracia, como quien se disculpa por un exceso de fortuna ajena que, en realidad, él convertía en afecto genuino. Sentía orgullo especial por su paso por la facultad de Derecho.

El combativo Centro de Estudiantes organiza un viaje didáctico de fin de semana al presidio de Coiba. Pero debió suspenderse por un motivo tan prosaico como insalvable: en la Isla no había agua. Mientras otros exigían alzar carteles, Rubén llamó a Torrijos. Y el general, que también sucumbía a ese gancho, ordenó que los abastecieran con agua de pipa.

El viaje se hizo. Entre aquel lote de estudiantes viajaba un muchacho llamado Rubén Blades. Extraería de esa experiencia su tesis de grado sobre el sistema penitenciario.Además, inmortalizaría Coiba en “El Cazanguero”, en la primera grabación que realizó con Willie Colón.

Aquella llamada oportuna, y el agua de pipas en la isla prisión, tienen que ver en el origen secreto de una obra maestra. Así era Rubén: aparecía, movía los hilos en el momento justo, y sin hacer ruido cambiaba el curso Por ese gancho, con apenas veintitrés años, el General lo nombró director del diario Crítica.

Y allá fue, joven, inexperto, pero dueño de esa chispa que no se enseña en las aulas. Lo trepó en circulación al primer lugar, a pesar de su evidente vinculación con la dictadura. Porque ni siquiera sus adversarios políticos podían negarle ese éxito, hacer que el periódico se leyera, que la gente encontrara rumor y noticia en sus páginas.

Murió el maestro normalista Rubén, como prefería ser llamado. Medio Panamá lo llora no por santo ni héroe impecable. Era de esas personas que hacen la vida más llevadera. De los que tienen el valor de ser contradictorios, de los que se saltan las normas de la corrección y aun así nos caen bien.

La gente así no abunda. Su ejemplo de vida deja una lección: el poder verdadero no está en la altura ni en la fuerza, sino en esa rara virtud de saber encantar.

* Investigador y analista político.

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