Dos canales, dos resiliencias: El hub de las Américas y el Canal de Panamá
A simple vista, parecen operar en dimensiones inconexas. Uno se mide en pies de altura, frecuencias aéreas y millones de pasajeros y toneladas de carga que cruzan el continente con velocidad; el otro lo medimos en nudos, calados, TEUs, y toneladas netas que surcan el agua a paso lento y firme. Sin embargo, el Hub de las Américas y el Canal de Panamá son las dos caras de una misma moneda: el motor logístico que define buena parte de la identidad económica de la República.
Durante décadas, el debate público ha girado en torno a cuál de estos dos gigantes aporta más al Producto Interno Bruto, genera más empleo o sostiene con mayor fuerza las finanzas nacionales. Pero la verdadera fortaleza del modelo panameño no radica en escoger entre el cielo y el mar, sino en comprender cómo ambos sectores se complementan, se amortiguan y sostienen al país frente a crisis de distinta naturaleza.
Mientras la aviación comercial enfrenta la volatilidad de las crisis sanitarias, geopolíticas, económicas y energéticas, el Canal de Panamá libra una batalla estructural contra la disponibilidad de agua, el cambio climático y la administración de sus cuencas. Cuando el cielo se cierra, el mar sostiene las finanzas de la nación; cuando las aguas bajan y la ruta marítima se ralentiza, el puente aéreo mantiene viva la conectividad regional. Esa resiliencia ante estos dos frentes es una de las grandes ventajas estratégicas de Panamá.
Al analizar el Producto Interno Bruto de Panamá, surge una primera revelación: el impacto de la aviación no solo es significativo, sino que compite en magnitud con la narrativa histórica del Canal marítimo. La diferencia está en la forma de medir cada aporte. El Canal concentra una contribución directa muy visible al Estado, mientras que la aviación genera un impacto más distribuido a través de aerolíneas, aeropuertos, turismo, comercio, servicios y conectividad internacional.
Según datos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, a través de un estudio realizado por Oxford Economics, al finalizar el 2024, el transporte aéreo y su cadena de valor aportó alrededor de 8.2% del PIB panameño, equivalentes a aproximadamente 6,800 millones de dólares anuales, e impulsó cerca de 193,800 empleos entre directos, indirectos, inducidos y propiciados por el turismo. La operación directa de la aviación representa una fracción menor, pero su verdadero peso aparece cuando se incorpora el gasto turístico, la conectividad internacional, los fletes aéreos y la actividad económica que se activa alrededor de los aeropuertos.
El Canal de Panamá, por su parte, mantiene una naturaleza económica distinta. Su impacto directo se expresa con enorme claridad en los aportes al Tesoro Nacional, compuestos por excedentes, derechos por tonelada neta y pagos por otros servicios públicos. En 2024, el Canal aportó más de B/.2,470 millones al Estado; para el año fiscal 2025, la cifra reportada ascendió a B/.2,965 millones. Si se considera el conglomerado económico del Canal —puertos, ferrocarril, zonas francas, servicios marítimos y logística asociada—, su contribución agregada al país se multiplica y confirma su rol como ancla estructural del modelo económico panameño.