Azuero frente al desafío de recuperar su turismo y fortalecer su desarrollo
El sismo que ha afectado a Azuero nos obliga a mirar más allá de la emergencia y reflexionar sobre el futuro de nuestra región como destino turístico. Hoy, la prioridad es atender a las familias afectadas, apoyar a las comunidades y recuperar las condiciones necesarias para retomar las actividades económicas. Pero también es momento de reconocer las vulnerabilidades que enfrenta nuestro territorio.
Las cancelaciones de reservas, la suspensión de actividades y la incertidumbre de los visitantes afectan directamente los ingresos de hoteles, restaurantes, operadores turísticos, emprendedores, transportistas y pequeños negocios. El impacto se extiende a cientos de familias que dependen directa o indirectamente del turismo para su sustento.
A esta realidad se suman problemas sociales que no podemos ignorar: familias que han perdido sus hogares, desempleo, falta de oportunidades, dificultades de acceso al agua potable e inseguridad alimentaria. Son situaciones que evidencian que el desarrollo turístico no puede desligarse de las condiciones de vida de nuestra población.
Una región no puede consolidarse como destino turístico si sus comunidades carecen de condiciones básicas para vivir y desarrollarse. La competitividad turística también depende de la infraestructura, los servicios públicos, la seguridad, las oportunidades económicas y la capacidad de responder ante situaciones de emergencia.
La recuperación de Azuero requiere recuperar la confianza de los visitantes, comunicar responsablemente las condiciones de nuestros destinos y reactivar las actividades turísticas que estén en condiciones seguras de operar. Al mismo tiempo, necesitamos fortalecer la planificación, la gestión de riesgos y la articulación entre las comunidades, las empresas y las instituciones.
Azuero posee una riqueza cultural, histórica, gastronómica, natural y humana extraordinaria. Esa riqueza representa una oportunidad real para generar empleo, dinamizar las economías locales y mejorar la calidad de vida de nuestra gente.
El reto no es solamente recuperar el turismo que teníamos antes del sismo, sino construir un destino más resiliente, competitivo e inclusivo.
Que esta experiencia nos permita comprender que el verdadero desarrollo turístico no se mide únicamente por la cantidad de visitantes que recibimos, sino también por las oportunidades que generamos y el bienestar que somos capaces de construir para nuestras comunidades.