Geriatras, juristas y economistas rechazan la exclusión laboral por edad
La geriatra aclaró que no es establecer un “examen” único, sino promover una evaluación objetiva de la capacidad laboral
Para la geriatra Clarissa Botello, la edad cronológica por sí sola no determina la capacidad ni el desempeño para desarrollar un trabajo, por lo que no se debe generalizar al evaluar si un adulto mayor está en condiciones de ejercer determinadas funciones: “No porque un trabajador tenga 70 años va a presentar una afectación cognitiva o física. El cerebro y el cuerpo de cada persona envejecen de forma diferente”.
El tema viene a colación por los proyectos de leyes de retiro voluntario, considerados descarte de personas, por ello, Botello recomendó que, una vez alcanzada la edad establecida de jubilación, si el trabajador desea continuar laborando, se le realice una valoración para determinar su aptitud.
La geriatra planteó un procedimiento de dos pasos: primero, evaluar el tipo de trabajo y las competencias requeridas; segundo, valorar a la persona que desea mantenerse en el puesto. En ese sentido, citó el marco de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la evaluación de la capacidad intrínseca, que contempla seis dominios: capacidad locomotriz, cognitiva, psicológica, visual, auditiva y vitalidad.
“Estoy completamente de acuerdo con el relevo generacional, pero debe realizarse de manera paulatina”, sostuvo.
Finalmente, advirtió sobre las repercusiones de un despido automático: “Descartar a los adultos mayores crearía un problema psicológico. Muchos sufren depresión. Una persona que ha estado 40 años en un puesto y de repente se retira, empieza con depresión, se aísla, deja de salir y se deteriora. Pierde expectativas, deseos y motivaciones. Estaríamos generando otro problema. Uno de los pilares fundamentales de la vida es la motivación. Si la persona se prepara, esto no ocurre; pero hacerlo de forma generalizada resulta contraproducente”.
Por su parte, el expresidente del Colegio Nacional de Abogados, Juan Carlos Araúz, advirtió sobre las propuestas que buscan la salida forzada de personas jubiladas de sus empleos, especialmente en las instituciones estatales: “Si la consecuencia de la norma es que una persona, únicamente por haberse jubilado o alcanzado determinada edad, tenga que abandonar obligatoriamente su puesto, en la práctica se estaría creando un mecanismo de exclusión laboral... Lo jurídicamente cuestionable sería presumir que la condición de jubilado, por sí misma, disminuye la capacidad de una persona para desempeñar adecuadamente sus funciones. La permanencia debería estar vinculada principalmente a la capacidad, idoneidad y desempeño del trabajador, y no exclusivamente a su edad o a su condición de jubilado”.
El jurista coincidió en que el Estado puede diseñar políticas de renovación en la función pública, establecer evaluaciones de desempeño, exigir requisitos de idoneidad e incluso determinar incompatibilidades cuando la naturaleza del cargo lo justifique.
En tanto, el planteamiento del economista Raúl Moreira señala que “existen jóvenes que, en su genuina desesperación por no encontrar trabajo, apuntan equivocadamente a los jubilados como los culpables de ocupar las plazas laborales que les corresponderían a ellos; por su parte, los políticos han aprovechado la ocasión para presentar propuestas que estimulen a los jubilados a abandonar sus puestos”.
Asimismo, Moreira sostuvo: “No existe una fórmula mágica que en el corto plazo resuelva un problema heredado que actualmente no muestra señales de mejora. Lo cierto es que se necesita un verdadero plan, no anuncios improvisados, que promueva el empleo en los sectores económicos con capacidad demostrada para generarlo, así como crear de forma urgente programas en el ITSE e INADEH que desarrollen las competencias que el mercado requiere, en lugar de prestar oídos a quienes promuevan la apertura indiscriminada de mano de obra extranjera con programas que les permiten traer familiares de forma permanente sin transferencia de conocimientos para mejorar la mano de obra local”.
Al respecto, la doctora Botello destacó que muchos jubilados encuentran en la docencia una transición natural, impulsados por la necesidad de dejar un legado y retribuir lo aprendido: “Generalmente se recomiendan roles de educador, profesor, entrenador, capacitador o asesor para los adultos mayores, porque la experiencia es fundamental”. Añadió que la reserva cognitiva, producto de los estudios, idiomas y formación acumulada, influye directamente en la salud cerebral: “Si te mantienes estudiando, entrenándote y activo, tu cerebro se mantendrá mejor. No te vas a deteriorar, a menos que existan factores vasculares o falta de sueño”.
Para la geriatra, resulta fundamental preparar a las personas para la jubilación desde los 40 o 50 años mediante educación en salud, finanzas y proyectos de vida. Por ello, propuso programas de mentoría donde el trabajador experimentado acompañe a un joven: “Eso ayuda muchísimo a la persona a realizar su transición y despedirse progresivamente del ámbito laboral”.