Un carnicero entró corriendo al despacho de un conocido abogado, visiblemente molesto. Sin rodeos, le planteó una consulta rápida desde la puerta:
—Licenciado, si un perro entra a mi carnicería y se roba un filete de tres kilos, ¿tengo derecho legal a exigirle al dueño del animal que me pague el valor exacto de la carne?
El abogado, sin levantar la mirada de sus expedientes, respondió con absoluta serenidad y aplomo:
—Por supuesto. La responsabilidad civil es impecable: el dueño del animal está obligado a responder por los daños y perjuicios causados. ¿Cuánto valía ese filete?
—Valía exactamente cincuenta...