Síndrome del terremoto fantasma
Tras vivir un terremoto es completamente normal que el cuerpo y la mente permanezcan en un estado de hiperalerta, ya que el sistema nervioso reacciona ante la amenaza percibida a la supervivencia. Este conjunto de manifestaciones físicas, emocionales y cognitivas se conoce comúnmente como el síndrome post-terremoto.
Además del insomnio, la paranoia y los dolores de cabeza, se presentan múltiples efectos. El cuerpo descarga grandes cantidades de adrenalina y cortisol, lo que puede causar el Síndrome del terremoto fantasma (Phantom Earthquake Syndrome): que es la sensación ilusoria o vértigo de que el suelo se está moviendo nuevamente, aun cuando todo está totalmente inmóvil.
Algunas personas sufren molestias gastrointestinales: Náuseas, mareos, gastritis, pérdida del apetito o problemas digestivos derivados de la tensión acumulada.
De igual forma sufren de tensión muscular y fatiga extrema: Dolores de espalda, cuello o mandíbula (por bruxismo nocturno) y un agotamiento físico profundo pese a no haber realizado esfuerzo masivo. Taquicardia, sensación de opresión en el pecho o falta de aire ante ruidos repentinos.
Otros sufren de ansiedad y miedo a espacios cerrados, temor a entrar a edificios altos, subir a ascensores o estar lejos de las rutas de evacuación.
Otros sufren cambios bruscos de humor, llantos incontrolables, irritabilidad, frustración o enojo repentino. Dificultad de concentración y fallas de memoria: Sensación de bloqueo mental o parálisis ante elecciones sencillas.
¿Qué Hacer, Qué Evitar? De acuerdo a médicos, Psiquiatras y psicólogos, debemos ponerle nombre a lo que sientes: Reconocer que son reacciones normales ante un evento anormal. Evitar la sobreexposición a noticias: Limitar el consumo de videos o cobertura sensacionalista del desastre.
Mantener rutinas simples como retomar horarios de comida y descanso dentro de lo posible. No aislarse ni reprimir emociones: Hablar de lo vivido con personas de confianza ayuda a procesar el trauma vivido.