Salvar a las Mipymes es reactivar la economía
La recuperación de Panamá después del terremoto no puede limitarse a reconstruir viviendas, escuelas y hospitales. También debemos recuperar los empleos, los ingresos de las familias y la capacidad productiva de las comunidades afectadas. En ese esfuerzo, las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) deben ocupar un lugar prioritario.
Las MIPYMES son fundamentales para la economía local. Generan empleo, abastecen a las comunidades, prestan servicios y sostienen buena parte de la actividad comercial y turística. Cuando un pequeño comercio cierra, una empresa deja de operar o un productor pierde sus ingresos, el impacto va más allá de sus propietarios: afecta a trabajadores, proveedores y familias enteras.
La reconstrucción debe convertirse en una oportunidad para recuperar capacidades y fortalecer la economía desde las provincias. Una primera medida es priorizar la contratación de mano de obra y emprendimientos locales en los proyectos de reconstrucción. La reparación de escuelas, hospitales, carreteras y otras infraestructuras debe generar oportunidades para albañiles, electricistas, transportistas, proveedores de alimentos, talleres y pequeños contratistas de las zonas afectadas. Siempre que las condiciones técnicas y legales lo permitan, las compras públicas deben facilitar la participación de empresas locales, con procesos transparentes y pagos oportunos.
Una segunda medida consiste en impulsar alianzas público-privadas para rehabilitar infraestructuras y restablecer servicios esenciales. Muchas empresas panameñas tienen experiencia en construcción, tecnología, logística, telecomunicaciones, salud y mantenimiento. Coordinar sus capacidades con las del Estado puede acelerar la recuperación de escuelas y hospitales, reducir interrupciones en los servicios y facilitar el retorno de las actividades económicas. Estas alianzas deben contar con objetivos claros, supervisión y rendición de cuentas.
También es necesario ofrecer alivio financiero y tributario a los negocios afectados. El Gobierno puede evaluar aplazamientos temporales de obligaciones tributarias, facilidades de pago y mecanismos especiales para empresas cuya operación haya sido interrumpida. Estas medidas deben ser focalizadas, sujetas a criterios verificables y acompañadas de procedimientos sencillos. No se trata de eliminar las obligaciones fiscales, sino de evitar que una emergencia temporal provoque el cierre definitivo de negocios viables.
El acceso al financiamiento será igualmente decisivo. Se requieren líneas de crédito flexibles, períodos de gracia y condiciones adaptadas a la capacidad de recuperación de cada empresa. Estos recursos deben ayudar a reponer inventarios, reparar instalaciones, adquirir equipos, recuperar cultivos y restablecer cadenas de suministro. La banca pública y privada, junto con los organismos de desarrollo, puede contribuir a movilizar estos instrumentos.
Además, Panamá debe considerar incentivos temporales a la inversión productiva en las provincias centrales. Atraer capital hacia la agroindustria, el turismo rural, el comercio y los servicios permitiría diversificar las economías locales y generar nuevas fuentes de empleo. Recuperar carreteras, agua potable, electricidad y conectividad digital es indispensable para que estas actividades puedan continuar.
Finalmente, debemos medir los resultados: empresas reactivadas, empleos recuperados, inversión movilizada y servicios restablecidos. La transparencia permitirá que cada recurso contribuya efectivamente a la recuperación.
Reconstruir no significa solamente levantar lo que se cayó. Significa devolverles a las personas la capacidad de trabajar, producir y salir adelante. Después del terremoto, Panamá necesita solidaridad, pero también una estrategia económica que conecte la ayuda inmediata con la recuperación productiva. Apoyar a las Mipymes es proteger empleos, fortalecer comunidades y acelerar el regreso a la normalidad. La reconstrucción será más sostenible si las empresas locales forman parte de la solución.