Reinventarse: la historia de una consultora cuando el contexto lo cambia todo
Hay momentos en la vida profesional que nos definen y otros que nos obligan a reinventarnos. Cuando decidí emprender como consultora en gestión y prevención de riesgos, sabía que estaba eligiendo un camino exigente.
Era un sector donde la presencia femenina aún era limitada y donde el trabajo no se construía desde una oficina, sino en el territorio: caminando comunidades, escuchando realidades complejas y acompañando procesos que requerían no solo conocimiento técnico, sino también sensibilidad, firmeza y compromiso.
En ese momento, además, enfrentaba un desafío personal importante. Mi condición física hacía que cada recorrido fuera más demandante. Sin embargo, nunca lo vi como una excusa para detenerme. Sí fui consciente de que, en ocasiones, antes de escuchar mis propuestas, algunas personas formaban una opinión basada únicamente en mi apariencia. Aprendí a dejar que mi trabajo hablara por mí. Con el tiempo, ese esfuerzo comenzó a dar frutos.
Hubo quienes confiaron en mi capacidad profesional en momentos clave. Entre ellos, Miguel Jaén, gerente de Relaciones Comunitarias de Cobre Panamá, quien me dio la oportunidad de aportar como consultora en procesos comunitarios de alta sensibilidad vinculados a la operación minera. Aquella oportunidad representó un punto de inflexión.
Durante más de seis años trabajé como proveedora, acompañando comunidades en el fortalecimiento de su organización, contribuyendo a la prevención de riesgos y participando en procesos orientados a dejar capacidades instaladas en el territorio. Fue un trabajo técnico, pero también profundamente humano. Uno de los momentos más desafiantes de ese período fue la pandemia por COVID-19.
Como profesional de la gestión de riesgos, entendí que mi responsabilidad no podía limitarse a observar. Desarrollé y compartí de manera gratuita un protocolo de bioseguridad comunitario para orientar a la población en un contexto marcado por el miedo y la incertidumbre. Al mismo tiempo, acompañé a empresas en el diseño e implementación de sus protocolos para una reapertura segura, protegiendo a sus trabajadores y dando continuidad a sus operaciones.
Ese período reafirmó mi convicción de que la gestión de riesgos es, ante todo, un compromiso con la vida y con la estabilidad de las comunidades. Sin embargo, en 2023, el cierre de operaciones de la mina marcó un punto de quiebre inesperado. Como consultora proveedora, sentí que muchos procesos construidos durante años, con dedicación y vocación de servicio, quedaron interrumpidos. No se trataba únicamente de la finalización de un vínculo contractual, sino de proyectos comunitarios que buscaban continuidad y consolidación. Ese momento representó un nuevo desafío: adaptarme, reconstruir y reinventarme.
Reinventarme implicó reconocer que mi valor profesional no depende de un contexto específico, sino de mi experiencia, mi preparación y mi propósito. Hoy continúo trabajando con la misma convicción con la que inicié este camino: contribuir a la construcción de comunidades más seguras, organizaciones más preparadas y territorios más resilientes. También mantengo la esperanza de que la mina pueda reabrir y que se generen nuevamente las condiciones para retomar procesos que quedaron inconclusos.
Confío en que sea posible volver a trabajar de la mano con las comunidades y con el proyecto, fortaleciendo capacidades y promoviendo una gestión responsable que aporte estabilidad y desarrollo al país. Como mujer, emprender en un sector técnico, históricamente liderado por hombres, me enseñó que el liderazgo no se impone: se construye con preparación, coherencia y resultados.
Me enseñó que la firmeza puede convivir con la sensibilidad y que la resiliencia es una herramienta poderosa cuando el entorno cambia. En el marco del Mes Internacional de la Mujer, comparto esta reflexión porque muchas mujeres profesionales han enfrentado contextos que se transforman de forma inesperada: cierres, crisis, prejuicios o rupturas que obligan a empezar de nuevo.
Reinventarse no es renunciar a lo construido; es tener la determinación de adaptarse sin perder la esencia. Hoy sigo adelante con la certeza de que el verdadero liderazgo no depende de las circunstancias, sino de la capacidad de sostener el propósito incluso en los momentos de mayor incertidumbre. Reinventarse no es olvidar el camino recorrido. Es honrarlo y continuar.
* La autora es Fundadora de Mundo Seguro Panamá.