Opinión

Que fácil es...

01 de agosto de 2019

Hace unos días en las redes sociales los cibernautas fueron implacables con sus comentarios ante el robo perpetrado contra un repartidor en el área de San Miguelito. El asesinato de un comerciante en Calle Uruguay se convirtió en titular de portada en algunos medios de comunicación y la frase: la inseguridad está cada vez peor, cada día se convierte en una realidad.

Los menores de edad siguen siendo protagonistas de estos hechos, ante la mirada de la ciudadanía que se pregunta dónde están los padres de estos niños; que están haciendo los programas de prevención de las autoridades y entidades a cargo, inclusive las entidades y ciento de organizaciones sin fines de lucro que trabajan en las “zonas rojas” con el fin de evitar que estos suceda. Si darle becas para que no dejen los estudios, si darles dinero a sus padres para que los mantengan a raya, si darle dinero a los pandilleros para no delinquir no funciona, si las iniciativas actuales no funcionan, qué se puede hacer.

Esta es la pregunta del millón.
Escuché a un dirigente transportista de Torrijos Carter aceptar que existe un grupo de jóvenes que trabajan como asistente del conductor (pavos) menores de edad, que en ocasiones lo mandan para su casa pero regresan porque es sus hogares “la cosa está dura y hay que comer” la pregunta es: está bien o mal, permitir que adolescentes lleven a cabo estas labores.

Está mal si estos niños no acuden a la escuela, la persona a cargo del transporte no se preocupa por su bienestar y el ambiente no es adecuado para su edad; está mal si no se le paga de acuerdo de su labor, si trabaja en horarios no adecuados, y sin permiso de sus padres.

Por otro lado, ¿está mal que aprenda a ganarse la vida honradamente bajo la supervisión de un adulto responsable que lo oriente y vigile, en lugar de estar en su casa sin hacer nada todo el día, sin nadie que lo vigile y a merced de malhechores o pandilleros que los puedan arrastrar a un mundo de delincuencia donde el dinero se gana haciendo mal a los otros?

Antes de hablar y juzgar es mejor analizar los dos lados de la moneda porque es fácil hablar por hablar.
* La autora es periodista de Metro Libre.

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