Panamá al límite: enojo social acumulado
Panamá atraviesa un momento de aparente estabilidad macroeconómica, pero con una creciente sensación de desgaste institucional y malestar ciudadano.
La economía sigue mostrando uno de los crecimientos más altos de la región, impulsado por el Canal, la logística y el sector privado, con inflación baja e incluso negativa en promedio reciente. Sin embargo, este dinamismo no se traduce en bienestar generalizado: el desempleo ronda el 10%, la informalidad es elevada y amplios sectores sienten que el “crecimiento” no les llega. Al mismo tiempo, se acumulan tensiones sociales por el costo de la vida, la desigualdad y la percepción de corrupción y captura del Estado por élites políticas y económicas.
Las protestas, cierres de calles y huelgas de los últimos años revelan un hartazgo profundo con un modelo que muchos perciben agotado y poco participativo.
En paralelo, la discusión sobre la deuda pública, el riesgo de perder grado de inversión y las limitaciones fiscales acota el margen de maniobra del gobierno para responder con más gasto social.
En este contexto, la disputa por temas sensibles como el Canal, las concesiones portuarias y la política exterior presiona la credibilidad del sistema y la confianza en las autoridades.
El país está en una encrucijada: o transforma sus instituciones y pactos sociales, o corre el riesgo de cronificar la crisis de legitimidad.
* Abogado.