Mayín es Mayín y la doña es la doña
En este país donde las víboras deambulan togados de guayaberas, no es fácil para las mujeres participar en actividades políticas donde los blasfemos utilizan la calumnia como aguijón para desacreditar y extirpar honras.
Es admirable como dos mujeres, de origen campesino y forjadas con el barro de la región santeña, han logrado, evadiendo deslealtades, traiciones y malagradecimientos empinarse ante los desafíos, zafarse de los complejos y desafiando obstáculos traicioneros, ingresar triunfantes en la historia de esta patria herida en su reputación.
En este país donde se rinde pleitesía a semiletrados arrogantes y es heróico el batallar de las mujeres que incursionan en actividades políticas, hay dos expresiones que retumban en el ambiente: “Mayín es Mayín” y “la doña es la doña”.
Mayín de quien nos referimos, es la diputada Omar Judith Correa Delgado, oriunda de Macaracas, pueblo campesino geográficamente clavado en las montañas de Los Santos.
Cuando se dice la “la doña es la doña”, se enciende el pensamiento en la figura de Mireya Elisa Moscoso Rodríguez, oriunda de Pedasí, un distrito de Los Santos, provincia acariciada por el Océano Pacífico, Mar del Sur supuestamente “descubierto” por un pelafustán llamado Vasco Núñez de Balboa.
Tanto Mayín como Mireya se criaron en pueblos rurales y saben lo que es sentir las angustias del campesino abandonado a su suerte, vilmente engañado y ultrajado por indiferencias sociales. Saben lo que es caminar descalzas sobre el barro del pueblo donde los ranchos se alumbraban con guarichas, el agua sacada de pozos, el piojo en las cabelleras y el festín de mosquitos sobre la epidermis de los niños y escucharon llantos amargos por el muerto que el curandero con sus fetichismos no pudo salvar. Además bebieron el amargo caldo del exilio cobijadas en una nación donde flamea la bandera de las barras y las estrellas.
Mayín Correa y Mireya Moscoso, son damas de personalidades diferentes, pero gravaron su nombre en el mármol de la historia.
Mayín, hija de una campesina apodada “Lala” y José Clemente Correa, policía que se despojó del pito y tolete para convertirse en comerciante, transitó por cruentos senderos políticos desde representante de corregimiento, diputada, alcaldesa, gobernadora y estuvo a punto de ceñirse la banda presidencial, sin embargo, el intento le fue adverso.
Mireya Moscoso, concebida por el maestro Plinio Moscoso y doña Elisa Rodríguez, empuña después de la muerte de su esposo el Dr. Arnulfo Arias, la bandera del panameñismo desafía a su adversario y derrota en las urnas al hijo del general que aseguró que en la lucha por erradicar la zona del canal estaría “de pies o muertos, nunca de rodillas”. El hado dispuso que Mireya Moscoso le arrebatara el honor al hijo del general Omar Torrijos y recibe el Canal de Panamá.
Pero ..... siempre hay un pero. Sobre la vida de Mayín circula interesante libro titulado “Testigo de la Historia”, mientras que esperamos una obra similar de doña Mireya Moscoso cuyo transitar por este mundo ingrato ha sido interesante y, como ya sabemos, “la doña es la doña”.
El autor es periodista.