La comodidad en la distracción
La conmemoración de eventos históricos o tradicionales que no implican fiesta, celebración ni jolgorio se ha convertido, en los últimos tiempos, en motivo de enfrentamientos. Lo que tienen en común es que todos los grupos, ya sea que estén a favor o en contra de la solemnidad de la fecha, se proclaman defensores de la historia, de lo que verdaderamente es importante y de la esencia que envuelve los hechos.
Cada quien dice tener la mejor manera de preservar las memorias del país. Algunos dicen que no se puede vivir en el pasado; otros piden libertad ciudadana, alegando que no deben pagar justos por pecadores; otros aducen que olvidar de dónde venimos nos llevará a cometer los mismos errores. Cada quien se acomoda en su verdad y el resto de los mortales (esos que se dejan llevar por la marea y que viven del “poco importa”) se condicionan a las distracciones del momento: qué le dijo este a aquel, cuál es el chisme de moda y la polémica.
Esto ocurre porque ninguno, o muy pocos, quieren asumir la incomodidad de la empatía, la responsabilidad de ser mejores ciudadanos o el peso de conocer la historia y difundirla de la mejor manera. Es mejor mantener la discusión y creernos los más entendidos y preocupados por que las cosas se hagan bien, que hacerlas bien.
Debemos hacer un alto y entender que el bien común no siempre es lo más cómodo; a veces implica tomar decisiones que no nos agradan y que pueden ir contra la corriente, tal como hicieron los Mártires del 9 de enero. Para ellos hubiese sido muy cómodo sentarse en sus casas y esperar que las autoridades gubernamentales, algún día, hicieran cumplir las normas; pero no se permitieron dejarse llevar por la distracción y cambiaron el rumbo de este país para bien. Por ello, y por muchas más lecciones que este capítulo de la historia nos ha dejado, creo que se merecen la solemnidad de su día.