Opinión

El cooperativismo panameño ante su gran oportunidad

18 de septiembre de 2026

Panamá acaba de convertirse en escenario del movimiento cooperativo mundial, pero más allá de los discursos sobre solidaridad y equidad, el país debería hacerse una pregunta: ¿cuánto pesa realmente el cooperativismo en nuestra economía?Las cifras globales son contundentes: más de 1,300 millones de asociados, unos 3 millones de cooperativas y 280 millones de trabajadores vinculados directamente al sector.

Panamá tiene una oportunidad particular.

El país ha construido buena parte de su desarrollo alrededor de la logística, los servicios y el comercio, pero todavía enfrenta el desafío de generar oportunidades desde sus comunidades. Las cooperativas pueden ser parte de esa respuesta para pequeños productores, emprendedores y trabajadores que necesitan unir recursos para competir.

En la inauguración de la Asamblea Mundial y Conferencia Global de la Alianza Cooperativa Internacional, encuentro que reunió a dirigentes, autoridades y representantes de más de 100 países, la directora ejecutiva del Instituto Panameño Autónomo Cooperativo (IPACOOP), dijo que durante su gestión busca pasar de un modelo centrado en trámites y fiscalización a uno que acompañe a las organizaciones en su creación, fortalecimiento y crecimiento.Pero crear una cooperativa no significa automáticamente crear una empresa sostenible. Una personería jurídica no genera ingresos y una capacitación no garantiza productividad.

El verdadero éxito estará en conseguir organizaciones con buena administración, financiamiento, tecnología y acceso a mercados. Panamá no necesita simplemente más cooperativas; necesita cooperativas capaces de crecer. La participación de las mujeres ofrece uno de los ejemplos más interesantes. Programas como Cociendo con Amor e Impulso Mujer buscan transformar habilidades en oportunidades de autonomía económica.

La creación de una cooperativa integrada por 22 mujeres emprendedoras de la comarca Ngäbe-Buglé demuestra que existe talento y voluntad. El desafío es convertir esa capacitación en negocios permanentes.El cooperativismo también necesita cambiar la percepción que existe sobre él.

Durante años se le ha visto como una herramienta limitada a pequeñas organizaciones comunitarias, cuando su dimensión mundial demuestra que puede participar en cadenas de valor mucho más sofisticadas. Panamá podría impulsar cooperativas vinculadas a agricultura, turismo, alimentos, artesanías y servicios, conectándolas con mercados nacionales e internacionales.

La verdadera prueba no será la cantidad de delegaciones internacionales que visitaron Panamá ni la solemnidad de una conferencia mundial. Será saber si una mujer de una comarca puede convertir su talento en una empresa, si un productor puede conquistar nuevos mercados y si una comunidad puede crear patrimonio. Panamá tiene ahora el escenario; el reto es convertir el discurso cooperativo en resultados. Porque la solidaridad también puede ser una fuerza económica, pero solo cuando consigue producir oportunidades que perduren.

Autor: Felix Eduardo Sitton

Periodista

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