Opinión

El ambiente y la cuenta completa

18 de septiembre de 2026

Existe una tendencia a considerar el impacto ambiental de hacer, pero pocas veces analizamos ambientalmente el escenario de no hacer.

Si la pérdida de actividades económicas y la falta de nuevos proyectos contribuyen al desplazamiento de población hacia territorios donde se concentran las oportunidades, esa movilidad también genera una huella.

Más concentración puede significar mayor demanda de vivienda, expansión urbana, consumo de agua y energía, generación de residuos y aguas residuales. Más desplazamientos cotidianos implican también consumo energético, congestión y emisiones.

Esto no convierte automáticamente un proyecto en ambientalmente conveniente. Un bosque, una cuenca, un manglar, la biodiversidad y el agua poseen valor social, aunque ese valor no siempre aparezca correctamente reflejado en el mercado.

Por eso no planteo escoger entre empleo y ambiente. Tampoco planteo aprobar todos los proyectos ni mantener indefinidamente cualquier actividad productiva.

Planteo algo más sencillo: hagamos la cuenta completa.

¿Cuánto cuesta ejecutar un proyecto? ¿Cuánto cuesta no ejecutarlo? ¿Cuánto cuesta restringir una actividad existente? ¿Cuáles son los costos ambientales de hacer? ¿Y cuáles son los costos económicos, sociales, territoriales y ambientales de no hacer?

El desarrollo sostenible exige mirar ambos lados de la ecuación.

Porque una decisión puede eliminar un costo en Chiriquí y, sin darnos cuenta, trasladarlo a otra parte del país.

Y al final, alguien siempre termina pagando la cuenta.

Autor: Paul Alexander Metzner González

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