Duele la juventud que se pierde en las pandillas
Los conflictos generados entre grupos criminales han creado una atmósfera de inseguridad en muchos sectores del país. Sin embargo, además de las personas que pierden la vida por su implicación en actividades fuera de la ley y aquellas que caen como daño colateral por estar en el lugar y momento incorrectos, existe una generación de niños y adolescentes que son atraídos a incumplir las normas y a perder su inocencia detrás de un arma.
Un mundo que vende espejos a precio de oro ofrece a estos pequeños, que debería estar despertando a un entorno de amistades que lo acompañarán toda la vida, creando anécdotas para recordar entre risas, un futuro lleno de violencia e incertidumbre que, más temprano que tarde, cobra sus deudas.
Niños que se encuentran en medio de un conflicto y, en muchas ocasiones, solo ven la salida a sus días malos en grupos delincuenciales que evocan con orgullo el poder y el temor como métodos para hacerse respetar; todo ello sin advertir que ese respeto tiene fecha de caducidad y les costará la vida, además de dejar familias destruidas y la añoranza por lo que pudo ser, pero nunca pasó.