Opinión

Christiansen versus Fajardo. Capítulo 1

20 de octubre de 2026

Hay dos puntos extraordinarios que revelan las grietas de la selección mayor actual de fútbol de Panamá y podemos traer a la mesa uno de los mayores hitos de la historia táctica, que da solución a los mismos.

Vemos, por un lado, la errada concepción del técnico que dice: “No le voy a enseñar a patear” y, por el otro, el pedestal de ese técnico (Christiansen).

Esa frase, o la actitud detrás de ella, expone el gran problema de los técnicos que fueron estrellas de élite: quienes asumen que el jugador ya tiene la técnica natural que ellos poseían.

Una gran verdad táctica es que un entrenador de selección sí puede (y debe) mejorar la efectividad de sus jugadores. No enseñándoles a patear desde cero como en una academia infantil, sino mediante:

Entrenamiento de automatismos: Repetir jugadas para que el delantero defina bajo presión mecánica.

Trabajo de perfilación: Corregir cómo el jugador acomoda el cuerpo antes de recibir el balón.

Gestión mental: Si el técnico se lava las manos diciendo “mi pizarra funciona, el problema es que ellos no la meten”, rompe la psicología del delantero y se distancia del grupo.

Del contexto histórico podemos aprehender la lección futbolística del Brasil de 1970: “La reverencia del genio ante el virtuosismo del atleta” Veamos:

A escasos meses del Mundial de México 1970, Joao Saldanha dejó el cargo de director de la selección de Brasil y la asumió Mário “Lobo” Zagallo.

Zagallo se encontró con una paradoja irrepetible: tenía en su plantel a cinco jugadores que eran el “10” (el enganche/falso 9) y las máximas figuras en sus respectivos clubes (Pelé en el Santos, Tostão en el Cruzeiro, Rivellino en el Corinthians, Gérson en el São Paulo y Jairzinho en el Botafogo).

Cualquier entrenador rígido se habría declarado impedido o habría sentado a tres de ellos argumentando que “el sistema se descompone” o que “falta marca”. Pero Zagallo hizo lo que hacen los grandes genios: adaptó la estrategia a sus jugadores sin perder la esencia.

Acomodó a los cinco “10” en un esquema asimétrico e inédito.

Creó un bloque defensivo inteligente detrás de ellos para sostener el ataque.

El resultado fue la mejor selección de la historia, ganando todos sus partidos y coronándose campeones del mundo metiendo 19 goles en 6 partidos. No jugaron con un planteamiento rígido; potenciando el talento de quienes metían la pelota en la red.

* Profesor de Historia.

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