La metamorfosis de las mujeres tatuadas a la fuerza en Países Bajos
La neerlandesa Joke hace una mueca de dolor mientras el láser recorre su piel, borrando uno de los 250 tatuajes que su pareja violenta le grabó en el cuerpo y rostro, en todos los lugares donde creía que otro hombre la había tocado.
Esta mujer es una de las cientos de personas asistidas por la fundación Spijt van Tattoo (Arrepentimiento por un tatuaje), con sede en Róterdam, que ofrece a las víctimas tratamientos con láser gratuitos y está a punto de expandirse a nivel internacional.
Joke sufrió años de maltrato, encerrada en casas rodantes y cobertizos, tatuada a la fuerza en su domicilio con un dermógrafo, hasta que prácticamente ninguna parte de su cuerpo quedó libre de tinta.
El maltratador escribió su nombre en la cara de Joke más de una docena de veces: en la frente, nariz, mejillas, barbilla e incluso en los párpados.
Aunque huyó, las marcas físicas de la crueldad de su pareja seguían siendo visibles para todos, lo que sumió a la mujer en la vergüenza, aterrorizada ante la idea de salir de su casa.
"Todos te miran y te insultan. Te llaman idiota, loca. Y no tienes nada, absolutamente nada. Te sientes tan pequeña", confiesa Joke, de 53 años, a la AFP.
Gracias a la organización nacional de ayuda a las víctimas de violencia de género Veilig Thuis (Hogar Seguro), Joke descubrió la labor de Spijt van Tattoo.
El primer paso de un largo y penoso camino: en dos años y medio, se sometió a 12 sesiones de láser para eliminar la tinta de su rostro. El dolor es tan intenso que un cirujano plástico debe anestesiar la zona tratada.
Hoy, gracias al maquillaje, los tatuajes en su rostro apenas se notan y Joke afirma haber recuperado su vida.
"Duele terriblemente", suspira. "Se necesita tanta fuerza para poder sacar todo... Pero no se pueden imaginar la felicidad que eso produce. Jamás habría podido imaginarlo", afirma.
Joke tuvo pensamientos suicidas durante 18 meses. Explica que se siente "liberada" desde que el nombre de su expareja fue borrado de su rostro. Ahora logra ver el futuro de una manera más positiva.
"La mínima cosa puede hacerme feliz. Si hace buen tiempo, es genial. Incluso si llueve me siento bien, al calor de mi hogar. Ahora todo me hace feliz", dice.
"Eso da esperanza. Y la esperanza mantiene viva a la gente".
- "Retomar las riendas de mi vida" -
Bonnie, cuyo nombre fue modificado por la AFP para proteger su identidad, tenía solo 17 años cuando conoció a su expareja, que rápidamente se volvió violento y posesivo.
Cinco años después, el día de su cumpleaños, la arrastró a un estudio de tatuajes como regalo. Justo encima del pubis, le hizo grabar "propiedad de" seguido de su nombre.
En vano, intentó hacerle entender al tatuador que no estaba de acuerdo, pero la presencia dominante de su ex hizo que el acto se llevara a cabo.
La humillación no se detuvo ahí. Al regresar a su casa, Bonnie se vio obligada a mostrar el tatuaje a varios amigos de su pareja.
"Él estaba muy orgulloso. Yo le pertenecía. Ahora era su propiedad. Y seguiría siéndolo", confía a la AFP esta mujer, de 42 años.
"Yo no sentía más que tristeza, humillación, miedo, asco... En sus ojos brillaba ese orgullo. Yo le pertenecía. Y ya nunca a nadie más. Nunca me había sentido tan mal, tan sucia", recuerda.
Bonnie sufrió más de diez años de violencia, de amenazas, tanto de muerte como de secuestro de sus hijos. Cuando su ex empezó a golpear a su hijo, decidió irse.
A su juicio, las personas que nunca han vivido una relación así no pueden entender lo difícil que es salir de ella.
"Te amenazan. Te manipulan. Te vuelven loca hasta el punto de que empiezas a dudar de ti misma. A creer que ya no eres capaz de nada. Que no vales nada. Te humillan tanto", explica a la AFP.
A diferencia de Joke, quien rápidamente decidió borrar sus tatuajes, Bonnie tomó esta decisión dolorosa después de varios años.
Al principio, pensó en hacerse un tatuaje encima, hasta que se dio cuenta de que el texto y la tinta seguirían ahí. "Iba a tener siempre la impresión de que mi cuerpo era parte de él, cuando en realidad no es así".
Durante un tiempo, ni siquiera conseguía ducharse porque no soportaba ver su cuerpo y su tatuaje.
"A mis ojos, mi cuerpo estaba tan sucio que ya no quería lavarlo. Porque llevamos todos esos años dentro de nosotras", declara.
Al igual que Joke, el proceso de eliminación del tatuaje ha sido clave para su reconstrucción: "estoy muy orgullosa de haber dado este paso", sostiene.
"Para mí, es el primer paso para cerrar uno de los capítulos más dolorosos de mi vida (...) Es un paso hacia la libertad, la sanación, la reapropiación de mi cuerpo, para retomar las riendas de mi vida y volver a encontrarme conmigo misma, sin vergüenza".
- Caso "extremo" -
Detrás de Spijt van Tattoo, hay un carismático matrimonio, Andy y Dex Han, quienes llevan 30 años trabajando en la eliminación de tatuajes.
En 2018, decidieron dedicar un día a la semana al voluntariado para borrar los tatuajes impuestos a víctimas de violencia de género u otras formas de coerción.
Las intervenciones van desde borrar una inicial en un dedo hasta casos de víctimas de redes de prostitución cuyo proxeneta ha tatuado su nombre en la frente.
Pero incluso Andy, un profesional experimentado, se quedó profundamente impactado cuando vio a Joke por primera vez.
"He visto muchas cosas, pero aquello era extremo. No sabía dónde mirar. Su pecho, su cara, sus ojos, su nariz... todo estaba cubierto con el nombre de ese hombre. No sabía por dónde empezar", cuenta.
También se planteó la cuestión económica. El borrado de un tatuaje cuesta diez veces más que el tatuaje en sí y su precio depende de la superficie que hay que tratar.
Joke tenía tanta tinta en el rostro que, según sus cálculos, una sola sesión costaría el equivalente a un año entero de trabajo voluntario.
En total, el tratamiento de Joke costará cerca de 100.000 euros (113.700 dólares). Una campaña de financiación colectiva permitió recaudar más de 30.000 euros (34.100 dólares).
Pero la pareja se dijo que había que ayudarla, cueste lo que cueste.
"Pensamos: escuchen, es la hija de alguien. La hermana de alguien, la amiga de alguien. Y ya no tiene vida", declara a la AFP el hombre de 64 años.
"Cuando vemos las fotos de antes y después, es extraordinario. Y también se nota en su personalidad", precisa.
- "No tengan miedo" -
Andy estima que las decenas de solicitudes que reciben apenas representan la punta del iceberg.
Kylianne Teuben, especialista en comportamiento que trabaja para la organización Veilig Thuis, explica que el tatuaje forzado, al igual que otras formas de violencia de género, es difícil de detectar porque las pruebas están "ocultas bajo la ropa".
Por ello, exhorta a cualquier persona que se encuentre en una situación así a pedir ayuda: "Por favor, rompan el silencio, de lo contrario no podremos ayudarlas".
"Es importante que sepan que no están solas y que existe ayuda. Así que intenten buscar ayuda cuando se sientan preparadas. Hay organizaciones que pueden apoyarlas", declara Teuben.
Joke y Bonnie quieren transmitir el mismo mensaje: hay que huir, por más duro que parezca.
"Es más fácil decirlo que hacerlo, lo sé muy bien... pero no tengan miedo", dice Bonnie.
"Porque se trata de su vida. Y sólo tienen una vida", afirma, con la voz temblorosa por la emoción.
"Tan solo, háganlo. La situación no puede ser peor que aquella que están viviendo", afirma Joke.
"Puedes hacerlo. No eres débil, él lo es. Todas las mujeres pueden lograrlo. Las mujeres somos fuertes", concluye.