Juegos de calle pierden espacio frente a la tecnología
El auge de la tecnología y los videojuegos transformaron con los años la forma en que los niños se relacionan, dejando en un segundo plano los juegos tradicionales que según especialistas, contribuyen al desarrollo de habilidades sociales, emocionales y físicas.
José Clemente Lasso, director del Departamento de Sociología de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá, explicó que la tecnología forma parte de la realidad de las nuevas generaciones y aporta importantes conocimientos, pero también ha sustituido muchas de las experiencias de interacción que antes se daban en los barrios, parques y comunidades.
“Los juegos tradicionales fomentaban la convivencia, la cooperación, la solidaridad y otros valores importantes que hoy se desarrollan menos por la disminución del contacto directo entre los niños”, indicó.
El tecnólogo, Harold Ramírez, señaló que los juegos tradicionales permitían desarrollar la creatividad y habilidades para negociar reglas, compartir y trabajar en equipo de forma espontánea. Ramírez consideró que el exceso de pantallas ha incrementado el sedentarismo y reducido la comunicación presencial entre los niños.
Desde la salud mental, la psicóloga clínica y psicoterapeuta, Lourdes Serrano, destacó que los juegos tradicionales son fundamentales para el desarrollo de la motricidad fina y gruesa, el autocontrol, la inteligencia emocional y las habilidades sociales durante la infancia.
La especialista advirtió que el uso excesivo de dispositivos puede afectar la atención, memoria, concentración, tolerancia a la frustración e incluso contribuir al aumento del sedentarismo y la obesidad infantil. Además, recomendó que las familias establezcan momentos libres de pantallas para compartir, leer, jugar y realizar actividades al aire libre.
Por su parte, el consultor tecnológico, Alex Neuman, consideró que la tecnología ha transformado la manera en que los niños construyen sus habilidades sociales, pero insistió en que el debate no debe centrarse en rechazarla.
“No se trata de demonizar la tecnología, sino de entender qué se ganó, qué se perdió y buscar un equilibrio sano”, expresó.
“Aunque muchos menores interactúan en plataformas y videojuegos en línea, esa relación virtual no reemplaza la experiencia de compartir cara a cara, resolver conflictos y fortalecer el sentido de comunidad”.
“Ganan habilidades digitales, pero sacrifican espontaneidad, movimiento e interacción social. La clave está en combinar ambas experiencias y recuperar estos juegos sin renunciar a los beneficios de la tecnología”.
La tecnología no es el problema, el problema surge cuando no existe un equilibrio entre el tiempo frente a las pantallas y las experiencias que favorecen el desarrollo biopsicosocial del niño
“El balance debe construirse con el acompañamiento de profesionales de la salud mental y la familia, evitando dejarse llevar por recomendaciones sin fundamento que circulan en redes sociales.