No son los conflictos los que revelan el carácter de un servidor público, sino la forma en que decide responder a ellos. La verdadera autoridad no se impone con fuerza; se sostiene sobre la regulación emocional, el criterio y la capacidad de contener la violencia, incluso cuando es provocada.
El reciente episodio que hoy conmociona al país debería trascender el debate sobre un hecho aislado para abrir una discusión más profunda: la salud mental de quienes ejercen funciones públicas. Administrar el Estado también implica administrar emociones. Un uniforme no solo confiere facultades legales; exige...