Opinión

Sanar nuestro pasado es crecer

20 de abril de 2026

Sanar nuestro pasado es una de las decisiones más valientes que podemos tomar. No se trata de olvidar lo vivido ni de fingir que nada ocurrió, sino de reconocer las heridas, aprender de ellas y seguir adelante con dignidad.

Muchas veces cargamos recuerdos, personas y experiencias que ya cumplieron su tiempo, pero seguimos arrastrándolos por miedo, costumbre o apego. Crecer también significa entender que no todo el mundo merece seguir en nuestra vida. Hay personas que solo llegan para desgastar, manipular o sembrar tristeza.

Alejarse de ellas no es egoísmo, es amor propio. Del mismo modo, existen lugares que nos recuerdan etapas oscuras, y cosas que mantienen viva una versión de nosotros que ya no existe. Soltar también sana.

Cerrar ciclos es aceptar que algunas puertas deben quedarse cerradas. No todo merece una segunda oportunidad, y no toda disculpa viene acompañada de un verdadero cambio. Existen perdones falsos, palabras vacías y abrazos con intenciones ocultas.

Perdonar no siempre significa regresar; a veces significa simplemente seguir sin rencor, pero sin retorno. Y como decía Héctor Lavoe [cantante boricua, 1946-1993]: “cuando la ruleta juegue a mi favor, no quiero gente resucitando”.

Una frase poderosa que recuerda que cuando finalmente florecemos, no debemos abrirle la puerta a quienes nos abandonaron en invierno. Sanar nuestro pasado no es perder gente; es ganarnos a nosotros mismos.

* Docente.

Tags:
Contenido Patrocinado
TE PUEDE INTERESAR