Panamá debe mirar a la madurescencia
En nuestro país crece una generación que envejece sin sentirse vieja, aun trabajando, son productivos, en su mayoría cuidan a sus padres, apoyan a sus hijos y familia y empiezan a preguntarse cómo quiere vivir las próximas décadas. Son la generación de la madurescencia.
Más de 700.000 personas en Panamá tienen entre 50 y 69 años; Son aproximadamente uno de cada cinco panameños, según proyecciones demográficas recientes. Es un grupo diverso, compuesto por trabajadores formales e informales, emprendedores, cuidadores y personas que ya enfrentan la jubilación o se preparan para ella.
Los desafíos que enfrentan son concretos, la informalidad laboral reduce las cotizaciones lo cual puede traducirse en pensiones insuficientes, las enfermedades crónicas, como la hipertensión y la diabetes, se vuelven más frecuentes con la edad y elevan los gastos de salud; aunado a esto se suma una responsabilidad cada vez más común: cuidar a padres longevos mientras se apoya económicamente a hijos adultos.
La cuestión es: ¿Cómo mantenerse vigente en un mercado laboral cambiante? ¿Cómo financiar una vida más larga? ¿Cómo construir un nuevo propósito después de los 50?
Panamá no puede esperar a que esta generación cumpla 70 años para comenzar a ocuparse de ellos.
Se requiere desde ya una educación financiera, planes y programas de prevención en salud, actualización de las leyes en materia laboral y espacios que impulsen nuevas conversaciones y el desarrollo de nuevos proyectos de vida.
La madurescencia ya está aquí; La pregunta es si nuestro país está preparado para adecuar los espacios de diálogo, fomentar la inclusión de la tercera edad en la discusión y la oportunidad de priorizar el talento profesional sobre la edad entre otros retos.