Opinión

Modesto Justiniani Flores, un abogado diferente

01 de agosto de 2019

Alberto Luis Tuñón Núñez[email protected]

Cerca del vestíbulo del glorioso Nido de Águilas, el Instituto Nacional, hay una placa de bronce, en parte dice: “Ser Institutor es reverenciar sin aprehensiones la majestuosa potestad de Dios.Llenar cada minuto de la vida con la inextinguible fruición del amor patrio del amor patrio.Aureolar de ideales excelsos los caminos sencillos de la acción cotidiana. Buscar la verdad sin las estratificaciones del prejuicio y el espectro del miedo”.Por otro lado el himno del Nido, en parte dice: “En donde se funden los hombres que han de ser, Cariátides de bronce nuestra nación”El licenciado Modesto Justiniani Flores (Moyo o Moyitín) proyectó en su vida profesional las líneas que anteceden este escrito. Como humano tuvo virtudes y defectos. Fue bastante polémico, muchas veces incomprendido, otras vilipendiado en baja voz.Se le reconoció su agudeza política, su percepción de los vaivenes de la política nacional e internacional y su especial de hacer y mantener amigos. Fui amigo de Moyo, a quien conocí en una clase de algebra en el Instituto Nacional. Ya a esa edad, enfrentaba la lesión de su pierna con un vasto con empuñadura de plata, el cual dejo de usar ya de adulto.Hijo de un plomero y una ama de casa se crio en la calle Juan Ponce en el Barrio Chino. Allí en un cuarto de madera celebramos su graduación en la Universidad de Panamá como licenciado en derecho. Perteneció a una generación de abogados (as) que ocuparon altos cargos en la administración del Estado y en la empresa privada.Justiniani ejerció la abogacía privada, fue asesor Legal en la Caja de Seguro Social, en el Ministerio de Relaciones Exteriores, en la Policía Nacional y director del Registro Público. El General Torrijos, quien admiraba su agudeza política y su carácter fuerte en la toma de decisiones y le pidió que le permitiera ser padrino de su pequeña hija, que estaba gravemente enferma en el Hospital del Niño.Lo nombró como vice ministro de Gobierno y Justicia y después ministro. Allí actuó con mano férrea dentro y fuera de la entidad, haciendo cambios estructurales, una fructífera y profesional experiencia fue cuando trabajó en la Procuraduría General de la Nación. Moyitín, a pesar de su limitación física fue su adolescencia un gran jugador de “mención” en los parque y campos de juego, tocaba hábilmente la mandolina, al jugar ajedrez se concentraba al máximo, competíamos en baile y era un conversador elocuente. La política era su pasión tirando líneas estratégicas. Deja amigos entrañables en el periodismo nacional que le recordaran por su agudeza y percepción de los hechos. Le encantaba monitorear por radio noticias internacionales las cuales revertía localmente. Su esposa Melida, las hijas de Moyo y demás familiares llevan en sus cenizas el homenaje de quienes compartimos con él.*El autor del artículo es trabajador social

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