Opinión

Lecciones ante el terremoto

15 de octubre de 2026

Aun no me repongo del reciente movimiento telúrico de magnitud 7.7 (con epicentro en la península de Azuero) que ha representado una prueba de fuego sin precedentes para la infraestructura civil, el diseño urbano y los protocolos de gestión de riesgo del país.

A diferencia de catástrofes de similar magnitud en otras latitudes, el hecho de que el parque inmobiliario moderno, los puentes principales y las grandes arterias viales hayan resistido el embate general, deja valiosas lecciones técnicas y estructurales.

El comportamiento del skyline moderno en centros urbanos demostró que la implementación y fiscalización de códigos de construcción avanzados —que priorizan la ductilidad, disipación de energía y estructuras de hormigón armado o acero flexible— evita el colapso progresivo ante ondas sísmicas de alta energía.

El mantenimiento de las operaciones en ejes vitales como el Canal de Panamá y la rápida reactivación de servicios claves, evidencian una planificación robusta en cuanto a la continuidad de operaciones para infraestructuras de interés global.

El evento expuso con crudeza la fragilidad de edificaciones patrimoniales, escuelas antiguas y viviendas autoconstruidas o rurales en las provincias cercanas al epicentro. Esto demuestra que la resiliencia urbana no es homogénea.

Cuando se contrasta este sismo de 7.7 con eventos de idéntica o similar magnitud en otras partes del globo —como los devastadores terremotos en Turquía y Siria (2023) o eventos recientes en el sudeste asiático, Colombia y Venezuela, se evidencian diferencias estructurales fundamentales.

Los sismos superficiales (en este caso a unos 12-13 km de profundidad) liberan ondas destructivas muy directas, los estándares de ingeniería civil actúan como un escudo amortiguador, que esta ocasión fueron afortunados.

*** El autor es periodista y columnista de opinión panameño. Colaborador activo en el portal informativo En Mayúscula***

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