Opinión

Las sombras de la guerra y el Canal de Panamá

28 de septiembre de 2026

Cada vez que truenan los cañones en cualquier parte del mundo su eco retumba en nuestro pequeño país. Es que Panamá es un “hub” logístico, ostenta la bandera marítima más grande del mundo, y tiene la conexión interoceánica del Canal de Panamá, que la sitúa en la primera línea de riesgo ante conflictos internacionales.

El conflicto en el Oriente funciona como un recordatorio de que su mayor activo es el Tratado de Neutralidad: Este marco legal garantiza que el Canal permanezca abierto y seguro para todas las naciones, incluso en tiempos de guerra, lo que otorga a Panamá un estatus de “puerto seguro” inigualable.

Ante la inseguridad en el Estrecho de Ormuz y el Mar Rojo, el Canal de Panamá se consolida como la opción más “atractiva”, una ruta alternativa y Segura: En marzo de 2026, se ha registrado un aumento en los tránsitos llegando a 40-41 diarios, impulsado por buques que evitan zonas de guerra.

El desvío de carga hacia la ruta panameña genera un aumento directo en los peajes y servicios marítimos y auxiliares, beneficiando la economía nacional en un momento de incertidumbre global.

Pero hay desventajas también. El aumento repentino del tráfico exige una gestión hídrica y logística impecable para evitar cuellos de botella en ambas bahías de entrada al Canal de Panamá, Aunque el tráfico por una recesión global causada por el conflicto, reduciría el volumen total de mercancías movilizadas en el mundo, lo que eventualmente afectaría al Canal y al país en sus beneficios.

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