Opinión

La tranquilidad no puede seguir siendo un lujo

20 de abril de 2026

La inseguridad en el país ya no es una sensación: es una realidad que golpea todos los días, mientras muchos prefieren mirar hacia otro lado. Se ha vuelto costumbre escuchar de robos, balaceras o hechos violentos que terminan afectando a quienes menos lo merecen: bebés, niños, adultos mayores, familias que solo buscan tranquilidad dentro de sus propios hogares.

Lo más indignante es la normalización. Las autoridades reaccionan tarde o simplemente repiten discursos vacíos, como si negar el problema fuera suficiente para hacerlo desaparecer. Mientras tanto, los delincuentes, porque hay que llamarlos por su nombre, actúan con total libertad, entrando a comunidades como si fueran dueños del lugar, sin temor a consecuencias.

No se trata de zonas rojas o barrios estigmatizados. Se trata de un derecho básico: la seguridad. No puede ser que vivir en una comunidad humilde signifique estar más expuesto al peligro, mientras otros sectores cuentan con vigilancia y protección constante.

Todos merecen las mismas garantías. La vida no tiene estrato social. Ignorar esta crisis no la hará desaparecer; solo la hará crecer hasta que sea imposible de controlar. * Periodista.

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