La calle no es el destino
Cada vez es más frecuente encontrar personas durmiendo en las calles, bajo efectos de sustancias psicoactivas y enfrentando graves problemas de salud física y mental. Lo que antes parecía una realidad concentrada principalmente en las grandes ciudades, hoy alcanza municipios pequeños y territorios cada vez más alejados.
No estamos simplemente ante un problema de espacio público o seguridad. Estamos frente a una crisis biopsicosocial en la que convergen pobreza, exclusión, ruptura familiar, desempleo, consumo problemático de sustancias y falta de atención oportuna en salud mental.
El Estado tiene una deuda pendiente. No solo con quienes viven en la calle, sino también con las comunidades que enfrentan diariamente las consecuencias de esta realidad.
La respuesta no puede limitarse a retirar personas de determinados lugares. Se necesitan políticas integrales que articulen salud mental, trabajo social, prevención, tratamiento de adicciones, educación, vivienda, empleo y reconstrucción de vínculos familiares.
Y debemos actuar antes. Una persona no llega a la calle de un día para otro: generalmente existe una historia de pérdidas y oportunidades que se fueron cerrando.
Si no intervenimos ahora, corremos el riesgo de perder en los próximos años a una parte de nuestra población joven y activa.
La calle no debería ser el destino de nadie.