La belleza como carga extra para la mujer trabajadora
En muchos trabajos de atención al público, desde aerolíneas hasta bancos, hoteles o restaurantes, persiste un mandato no escrito pero férreo: las mujeres deben presentarse impecables. Maquillaje completo, peinado elaborado, uñas con manicure y vestuario favorecedor. No es una sugerencia, es un requisito que forma parte del desempeño laboral.
Lo irónico es que ese estándar estético no se refleja en las exigencias dirigidas a sus colegas hombres, quienes muchas veces solo deben llegar bañados para realizar las mismas funciones. Este doble gasto estético es material y emocional. Maquillarse y mantener un peinado profesional no solo exige dinero, implica tiempo, energía y una presión constante por cumplir un ideal que no se aplica con la misma severidad al género masculino.
Mientras un hombre puede salir de casa en 10 minutos, una mujer debe invertir una hora o más en cumplir el código no oficial que dicta cómo debe lucir para ser considerada profesional.
El costo acumulado a lo largo de una vida laboral es inmenso y casi nunca reconocido ¿Tienen idea cuánto cuesta una buena base? Muchas mujeres deben elegir entre desayunar o maquillarse, porque el tiempo no es suficiente. Si tiene un trabajo en el que pesa más su conocimiento que su atractivo, aprovéchelo y cuídelo, porque de esos quedan pocos.
* Periodista.