Ética y vocación en la función pública
El ejercicio de la función pública en Panamá atraviesa por un momento crucial donde la ciudadanía exige no solo eficiencia, sino una profunda transformación moral en las instituciones del Estado. Hablar de ética y vocación en el servidor público va más allá del cumplimiento de un manual de procedimientos o de un horario de oficina; implica asumir un compromiso ético inquebrantable de bien común, la transparencia y la justicia social.
Un funcionario con verdadera vocación comprende que el poder conferido no es un privilegio personal, personal, ni político, sino una herramienta transitoria destinada a servir con empatía y diligencia a la comunidad.
Por su parte, la ética actúa como timón que guía cada decisión administrativa, en un entorno donde la corrupción y el clientelismo han minado la confianza ciudadana, la integridad se convierte en el recurso mas valioso, la probidad administrativa exige rechazar cualquier acto que anteponga los interese particulares los de la nación. Transparencia, rendición de cuentas y probidad son conceptos no son conceptos negociables, son los pilares fundamentales que garantizan que los recursos públicos se inviertan en lo que realmente importa y mejora la calidad de vida de los panameños.
Restaurar la confianza en la institucionalidad requiere dignificar la carrera administrativa mediante la selección basada en mérito y capacidades, es momento de hacer una revisión del Código de ética de los Servidores Públicos ajustándolo al siglo XXI.