El hombre de los “pastelitos” calientes
Como todas las mañanas Jacinto, un hombre trabajador trigueño de contextura obesa, con su sombrero al estilo gallego, y su reloj de pulsera dorada, y un caminar pausada carga en el hombro una “jaba” confeccionada de mimbre, llevando los “pastelitos” de carne y pollo calientes, para la venta. Era su faena diaria.
El revendía los “pastelitos” a 60 centésimos, que eran elaborados por la panadería del Barrio. Preferidos por su textura, y sabor, su clientela esperaba que llegara al punto de venta, una esquina de la calle 21 del Barrio del Chorrillo.
Este panameño era muy querido, su rostro angelical y con un parecido al “chómpiras” del chavo del 8, lo que hizo ganarse a los clientes, que hacían broma por parecerse al personaje mexicano de la satura de los años 1970.
Luego de un tiempo innovo vender café, a 50 centésimos como acompañamiento, lo que le dio resultado.
La jaba de mimbre la colocaba, en un atril de madera y la mantenía herméticamente tapada con plástico para la higiene, y que el producto mantuviera su temperatura.
Con este pequeño negocio mantuvo a su familia y le brindo la educación a sus tres hijos.
Jacinto como todo trabajador guerrero que suda la gota gorda, tenía su pasatiempo, era un fanático de las películas de acción y suspenso, admirador de James Bond, al terminar la faena guardaba 6 pastelitos, para ver la doble tanda en el Teatro Variedades, y para acompañar se compraba un refresco una soda “rompe pecho”.
Jacinto, sigue siendo recordado como un personaje icónico de las pasadas décadas.