Era un domingo por la mañana. Doña Lucrecia, acompañada de su esposo Don Pedro, se dirigían a misa de 7 de la mañana hacia la parroquia del barrio. Ambos, mantenían la fe que ese día sería mejor que el anterior Era una familia decente, y con principios.
Habían concebido dos varones y una mujer, que con mucho esfuerzo los educaron. El menor era la oveja negra. La esperanza de los dos era salir del barrio, para encontrar una vida, sin zozobra, y cero peligro con las pandillas.
Al salir del oficio religioso Doña Lucrecia, le dice a Don Pedro, que tenía antojo desayunar con pan “michita” o pan flauta,...