Como todas las mañanas Jacinto, un hombre trabajador trigueño de contextura obesa, con su sombrero al estilo gallego, y su reloj de pulsera dorada, y un caminar pausada carga en el hombro una “jaba” confeccionada de mimbre, llevando los “pastelitos” de carne y pollo calientes, para la venta. Era su faena diaria.
El revendía los “pastelitos” a 60 centésimos, que eran elaborados por la panadería del Barrio. Preferidos por su textura, y sabor, su clientela esperaba que llegara al punto de venta, una esquina de la calle 21 del Barrio del Chorrillo.
Este panameño era muy querido, su rostro angelical y...