Opinión

El dilema de la representación: voto cruzado y el desafío proporcional en Latinoamérica

24 de febrero de 2026

La arquitectura electoral en América Latina atraviesa una transformación irreversible: la transición hacia sistemas de votación más personalistas, el ciudadano actual demanda el derecho a elegir individuos por encima de banderas partidarias, impulsando el auge del voto cruzado, no obstante, esta modernización técnica enfrenta un muro de contención jurídico, la garantía constitucional de la representación proporcional.

La experiencia regional: Luces y sombras

El derecho comparado ofrece lecciones valiosas, por ejemplo, Chile, en su reforma de 2017, logró transitar hacia listas abiertas, permitiendo al ciudadano una libertad de elección sin precedentes, el éxito chileno no radicó solo en abrir la lista, sino en mantener el sistema D’Hondt como ancla matemática para asegurar que la voluntad popular no se fragmente hasta la irrelevancia de las minorías.

México presenta un modelo de equilibrio a través de su sistema mixto, al otorgar al ciudadano la capacidad de votar por un candidato uninominal y, simultáneamente, por una lista regional, logra armonizar la cercanía del representante con el mandato de pluralismo político, por el contrario, experiencias en otros puntos de la región han demostrado que implementar el voto preferencial sin una ingeniería de adjudicación robusta puede derivar en la “canibalización” de los partidos y en un encarecimiento extremo de las campañas.

El nudo gordiano: La proporcionalidad

El debate técnico no debe centrarse en la conveniencia del voto cruzado, el cual es democráticamente sano sino en su encaje constitucional, en la mayoría de las cartas magnas latinoamericanas, la representación proporcional no es una sugerencia técnica, sino un mandato imperativo, cualquier intento de eliminar los sistemas tradicionales de distribución de curules sin presentar un sustituto matemático que garantice la presencia de las minorías, corre el riesgo de ser invalidado por los tribunales constitucionales.

La historia electoral reciente en la región nos advierte que la aritmética suele ser el talón de Aquiles de las reformas políticas, un diseño defectuoso puede permitir que una mayoría relativa acapare la totalidad de la representación, anulando el pluralismo.

La modernización de un sistema no puede reducirse a una simplificación matemática que sacrifique el pluralismo, si bien la eliminación de mecanismos complejos es una demanda ciudadana comprensible, la sustitución de fórmulas de adjudicación proporcional por un sistema de conteo puramente mayoritario donde simplemente “el que más votos saca, gana” desvirtúa la naturaleza de los circuitos plurinominales.

América Latina nos enseña que el voto cruzado no es enemigo de la proporcionalidad; son complementarios, países como Chile y México demuestran que es posible empoderar al elector sin generar desequilibrios que permitan a una mayoría circunstancial pueda acaparar la representación total y mucho menos que un partido grande se quede con todos.

En materia electoral, la técnica no es un obstáculo para la democracia, sino su mayor garantía, ignorar la ingeniería constitucional del reparto de curules bajo la premisa de la simplicidad sería incorrecto, se puede mantener un voto cruzado sin destruir la proporcionalidad.

No se puede olvidar el teorema de kenneth Arrow, premio nobel de economía, el cual que nos indica que matemáticamente es imposible una democracia perfecta.

Abogado

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