El deber de un buen padre
Padres buenos hay muchos, buenos padres hay pocos. No creo que haya cosa más complicada que ser un buen padre. Un corazón blando basta para ser un padre bueno, en cambio la voluntad más fuerte son todavía poco para ser un buen padre.
Hoy como docente y padre de familia, me toca sentir lo que mis padres en su momento, indiscutiblemente el sistema educativo es un pilar importante en la sociedad, sin embargo, el fracaso escolar no depende del sistema, debemos adoptar una mentalidad reflexiva y escuchar a todos los actores de esta historia.
Luego de analizar debemos actuar en buscar solución al problema, asumiendo nuestra responsabilidad de padre, no la de nuestros hijos; muchas veces como padres sobre protectores no dejamos que crezcan y se desenvuelvan, porque siempre estamos allí para hacerles las cosas, ellos deben tomar conciencia de su responsabilidad ya que son los principales protagonistas, descubriendo dónde están las brechas para su solución.
Debemos entender que hay retos que algunos niños y jóvenes no pueden realizar porque aún no tienen bien desarrolladas ciertas habilidades, eso puede algunas veces causarles estrés, desesperación y ansiedad, ayudemos a nuestros hijos a buscar su fortaleza y habilidades. Démosle la oportunidad a que descubran y gestionen sus emociones a que sepan cuál es su potencial, seamos espectadores de su proceso y que solo intervengamos cuando tengamos que ayudarlos a levantarse, entendiéndoles y apoyarlos en su camino.
Explicarles también que el fracaso es un trampolín al éxito, y poder estar más tranquilos, porque sabremos que ellos mismos buscarán soluciones sensatas a esos fracasos. Seguir escuchándolos no para indagar sus vidas privadas, si no, tratando de entenderlos no juzgándolos, preguntarles sus necesidades y sueños, fomentar la responsabilidad en ellos y respetando su identidad.
*El autor es docente.