El blindaje de nuestra soberanía: a 47 años del 1 de octubre
El 1 de octubre de 1979 es una fecha imborrable para cada panameño. Es un hito histórico que significó la derogación de la perpetuidad de la presencia norteamericana en territorio de la República de Panamá, reemplazando el Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903 y eliminando para siempre el concepto de uso “a perpetuidad”.
Han transcurrido 47 años de aquel día. Muchos vivimos la emoción de ese primer minuto de la entrada en vigencia de los tratados firmados por Omar Torrijos Herrera y Jimmy Carter. Los correos, los juzgados, la policía y los puertos pasaron a ejecutarse bajo la jurisdicción de Panamá; las leyes norteamericanas quedaron, por fin, sin efecto jurisdiccional foráneo.
Para el pueblo panameño, el camino liderado por Torrijos y su equipo negociador fue un largo proceso de diplomacia, sin levantar la voz ni caer en bravuconadas. Se identificó la raíz de una lucha generacional, teniendo como propósito la razón profunda de exigir justicia. Hubo un objetivo claro: demostrar que la verdad estuvo del lado panameño y que no existía motivo alguno para más tensiones que provocaran enfrentamientos con sangre, luto y dolor, como en efecto ocurrió el 9 de enero de 1964. Para el entonces líder en el poder, Omar Torrijos, la diplomacia era el lenguaje perfecto y el momento ideal para lograr un nuevo trato basado en el bienestar de ambas sociedades.
Los panameños estaban seguros de que el rumbo negociador demostraría nuestra responsabilidad para asumir este nuevo compromiso, y que transitar en tiempo por 23 kilómetros de transición para llegar al 31 de diciembre de 1999 era la meta definitiva.
Aquí es donde nos preguntamos qué fortaleza tienen esos instrumentos, luego de ese camino recorrido, para continuar adelante sin tropiezos en el futuro y sin decir adiós al pasado histórico de las relaciones de Panamá y Estados Unidos.
Torrijos y Carter dejaron como legado la validez bilateral del pacto, con una ratificación sustentada en los procedimientos constitucionales de cada país y respaldada por la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados. Este marco jurídico constituyó un primer blindaje, producto de la madurez de ambos liderazgos. El segundo paso fue otorgarle fortaleza internacional a lo pactado mediante el Tratado de Neutralidad Permanente, el cual garantiza que la vía interoceánica permanezca abierta y segura para el tránsito pacífico de todas las naciones del mundo, bajo normas globales de igualdad y respeto mutuo.
La culminación de este proceso el 31 de diciembre de 1999, con la transferencia total de la administración y la retirada de las bases militares norteamericanas, demostró la eficacia y el respeto histórico al tratado a nivel global. Hoy se refleja que el protocolo de adhesión da mayor fuerza a una negociación que algunos quisieron frustrar; sin embargo, una gran mayoría consignó su voto de confianza en las negociaciones, en el pacto y en el futuro de un país con una soberanía cada vez más fuerte.
Panamá ganó un blindaje internacional gracias a la diplomacia y la neutralidad.