Monseñor Ulloa pide no perder la humanidad frente al fenómeno migratorio
En el marco de la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado y en la conmemoración del Mes del Migrante, el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, llamó a no perder la humanidad ante el fenómeno migratorio y a recordar que “detrás de cada número hay un rostro”. Las declaraciones fueron emitidas durante la homilía oficiada este domingo 13 de septiembre desde la Casa Hogar Luisa.
Desde la Casa del Migrante, el prelado pidió mirar más allá de la transmisión televisiva para reconocer las historias que albergan esas paredes. “Por estas puertas han entrado hombres y mujeres cansados, madres con sus hijos, familias que dejaron atrás su tierra... Y aquí han encontrado algo aparentemente sencillo, pero profundamente evangélico: una puerta abierta”, expresó.
Ulloa destacó la labor de la Pastoral de Movilidad Humana y de la congregación de los Misioneros Scalabrinianos, al tiempo que agradeció a los voluntarios y bienhechores por “mantener abierta esta puerta en nombre de nuestra Iglesia”. Al comentar el lema de la jornada propuesto por el papa León XIV, “Incluso uno solo de estos pequeños”, el monseñor subrayó que la misericordia no se mide por volumen. “Cuando se trata de una persona vulnerable, no cuentes las personas. Aunque fuera uno solo un solo niño, una sola madre, una sola familia; para Dios basta uno solo para movilizar el amor”, aseveró. Asimismo, advirtió sobre el peligro de la insensibilidad social: “No podemos permanecer indiferentes ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento. Cuando el dolor humano deja de conmovernos, algo comienza a endurecerse en nuestro interior”.
El arzobispo enfatizó la vulnerabilidad que atraviesan los menores migrantes: “Ningún niño debería aprender demasiado pronto lo que significa huir; ningún niño debería dormir con miedo sin saber qué ocurrirá mañana”. Ante esta realidad, instó a transformar la perspectiva de abordaje: “Nuestra primera pregunta no debería ser solamente: ‘¿De dónde viene?’; la primera pregunta debería ser: ‘¿Qué necesita?’”. Si bien reconoció la facultad legal de los Estados para regular los flujos de movilidad en sus territorios, advirtió sobre las prioridades éticas: “Antes que migrante, es una persona; y antes que extranjero, es nuestro hermano. Su situación migratoria puede cambiar; su dignidad, jamás”.
Finalmente, instó a las parroquias, familias e instituciones a respaldar la labor de Casa Hogar Luisa y a educar “para la fraternidad y nunca para la xenofobia”. “Panamá tiene que afrontar responsablemente la realidad migratoria, ciertamente, pero sin perder nunca la humanidad. Podemos organizar nuestras fronteras sin cerrar el corazón”, afirmó. El prelado concluyó recordando el pasaje evangélico: “El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí”, e insistió: “Incluso uno solo. Una persona acogida, una familia acompañada, un niño protegido: para Dios eso nunca será poco”.