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Manglares de Panamá se posicionan como pilares del carbono azul frente a la crisis climática

26 de julio de 2026

Los manglares de Panamá se consolidan como uno de los principales pilares del carbono azul y un activo estratégico en la lucha contra la crisis climática, debido a su extraordinaria capacidad para capturar y almacenar dióxido de carbono durante largos periodos. Una sola hectárea de manglar puede almacenar hasta cuatro veces más carbono que un bosque tropical terrestre, lo que convierte a estos ecosistemas en uno de los mayores reservorios naturales del planeta, informó el Ministerio de Ambiente (MiAMBIENTE).

Actualmente, Panamá cuenta con aproximadamente 183,774 hectáreas de manglares distribuidas en ambas costas, lo que sitúa al país entre las naciones con mayor capacidad de conservación de carbono costero en la región. Gracias a esta cobertura, estos ecosistemas representan un componente estratégico dentro de las políticas nacionales de mitigación del cambio climático.

En ese sentido, la directora nacional de Costas y Mares de MiAMBIENTE, Digna Barsallo, explicó que el carbono azul almacenado en los manglares contribuye a reducir la concentración de gases de efecto invernadero y, al mismo tiempo, representa una oportunidad para el país en materia de financiamiento climático, conservación y desarrollo sostenible. Añadió que, en el contexto internacional, los ecosistemas naturales comienzan a ser valorados como activos ambientales medibles.

No obstante, esta capacidad de almacenamiento de carbono enfrenta importantes amenazas. De acuerdo con estimaciones, Panamá ha perdido cerca del 50 % de su cobertura original de manglares durante los últimos 50 años, principalmente por la expansión de actividades agroindustriales, el desarrollo inmobiliario no planificado y diversas fuentes de contaminación. Esta situación ha disminuido el potencial de estos ecosistemas como sumideros de carbono y ha debilitado su función como barreras naturales frente a fenómenos climáticos extremos.

Frente a este escenario, el país ha impulsado diversas iniciativas orientadas a conservar y restaurar los manglares, además de fortalecer su participación en mecanismos internacionales relacionados con el carbono azul.

Entre estas acciones destaca la construcción del Capítulo Nacional de la Alianza Global de Manglares, una iniciativa desarrollada en el marco del proyecto Patrimonio Natural Azul, liderado por National Audubon Society y la Sociedad Audubon de Panamá. El objetivo es establecer una hoja de ruta para la protección, restauración y uso sostenible de estos ecosistemas.

De igual forma, Panamá ha iniciado el proceso para fortalecer el marco de gobernanza de los manglares mediante la homologación de la normativa existente, con el apoyo de la Plataforma Internacional para la Sostenibilidad Oceánica (IPOS). Este trabajo se desarrolla junto a un grupo de expertos que llevará a cabo consultas con distintos sectores, priorizando la protección y resiliencia de los ecosistemas marino-costeros. Como meta, se prevé recuperar 1,800 hectáreas de manglares durante los próximos tres años.

Asimismo, el país mantiene el reconocimiento internacional de los manglares presentes en los seis humedales panameños inscritos como sitios Ramsar por su importancia ecológica. Estos son Bahía de Panamá, Golfo de Montijo, Punta Patiño, Damani-Guariviara, San San Pond Sak y el Complejo de Humedales de Matusagaratí, este último declarado Parque Nacional en marzo de 2025.

Barsallo también destacó que los manglares sostienen complejas redes biológicas que sirven de refugio, alimentación y reproducción para numerosas especies, entre ellas aves costeras y mamíferos como el manatí, reforzando así su papel en la conservación de la biodiversidad y la estabilidad ecológica.

Finalmente, la protección de los manglares y demás humedales costeros en Panamá está respaldada por la Ley 41 de 1998, General de Ambiente, así como por la Ley 304 de 2022, que establece la protección integral de los arrecifes coralinos, los pastos marinos y los ecosistemas marino-costeros asociados, además de los mecanismos de gestión dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP).

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