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Los venezolanos sufren la pesadilla de perder su casa por los terremotos

08 de julio de 2026

Morela Luna espera ansiosa que una brigada de expertos inspeccione su casa parcialmente derrumbada, de la que sus vecinos tuvieron que sacarla tras el doble terremoto del 24 de junio, que ha causado más de 3.600 muertos en Venezuela.

Luna vivía con su esposo y su hijo de cuatro años en el segundo piso de esta casa en el barrio La Lucha, de Catia la Mar, en el estado La Guaira. En la primera planta estaba su padre.

"Todavía pienso que esto es una pesadilla. Quisiera volver a construir mi casa. Crecí aquí y no la quiero perder", dice esta mujer de 23 años, estudiante de Geografía, que por las noches duerme donde la abuela de su pareja.

Ingenieros y arquitectos clasifican las viviendas en este barrio de bajos ingresos construido por sus propios habitantes. Dirán cuáles pueden habitarse sin problema -allí estampan una etiqueta verde-, las que necesitan reparaciones (amarillo) y las que son peligrosas y deben ser evacuadas (rojo).

La de Luna es una de las casas colapsadas a las que ni siquiera ingresarán.

En cambio, Juana Alfonzo, de 65 años, todavía se mueve por la suya, pese a que el piso está hundido y cuarteado y se nota daño en las columnas.

Ella y cinco de sus familiares duermen en carpas en el patio, por temor. Pero confía en que su casa sea recuperable.

"Hay gente que llora mucho porque, claro, es una pérdida total. Tantos años construyendo las casas para que en 39 segundos se vayan" con los potentes terremotos consecutivos de magnitud 7,2 y 7,5, comenta Alfonzo sobre sus vecinos.

Aún no sabe que la inspección determinó que en su casa hay varias columnas comprometidas y no debe habitarse porque pueden ceder. A Alfonzo esa noticia no se la dará la brigada de ingenieros, sino que un equipo del gobierno vendrá luego a decirle y colocar la etiqueta roja en su fachada.

Los pequeños espacios abiertos del barrio La Lucha están llenos de carpas de vecinos que aguardan deseosos a que sus casas sean reparadas por el gobierno. En algunos sectores, obreros retiran escombros, pero hasta ahora nada más.

Muchos recuerdan el deslave de 1999 que dejó miles de muertos en este estado, así como decenas de miles de damnificados, algunos de los cuales pasaron años en refugios.

Gustavo, un mecánico de 60 años que no da su apellido, se muestra preocupado. "Nadie va a querer irse de aquí", asegura.

Los dos terremotos provocaron el colapso de 190 edificaciones y dejaron otras 856 con afectaciones, según las cifras oficiales. Una prospección de la NASA estima que podrían ser hasta 58.000.

- 6.000 inspecciones -

En Los Palos Grandes, una zona de clase media de las más caras de Caracas y donde más daño hubo, tres vecinos observan con desconsuelo el cartel rojo que le colocaron a su edificio.

"¿Quién hizo esa inspección, con qué preparación?, reclama molesta una mujer. "He vivido aquí 40 años, no quiero una demolición", señala otra.

Una comisión presidencial de habitabilidad se ha ocupado de organizar talleres de inducción para preparar a ingenieros y arquitectos en la inspección de las construcciones afectadas por los sismos.

Su presidente, Francisco Garcés, también ministro de Transporte, indica que se han realizado ya unas 6.000 evaluaciones.

"Posteriormente vendrán las fases de reparación y rehabilitación", señala. "Ya se están fabricando viviendas nuevas, ya se están terminando algunas, se están potenciando otras para darle solución a quienes están en situación de pérdida total", afirma a la AFP.

- Único patrimonio -

El alcalde de Chacao, Gustavo Duque, pide ser cautelosos con la interpretación del cartel rojo.

"No necesariamente implica demolición, pero el edificio debe pasar a una revisión técnica para saber si puede ser reparado. La mayoría de nuestros vecinos lo único que tiene como patrimonio es su apartamento", explica a la AFP.

En su municipio, que incluye Los Palos Grandes, colapsaron completamente tres edificios residenciales.

De un total de 3.100 edificaciones en el municipio Chacao, han sido inspeccionadas hasta ahora unas 1.000, y 25 tienen categoría roja.

Una advertencia llegó hace poco: en Caracas, parte de un colegio en el centro histórico -con aviso rojo- se derrumbó el 3 de julio, sin causar víctimas por encontrarse vacío.

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