Economía

Brasil presenta hoja de ruta para acelerar la salida de combustibles fósiles

03 de noviembre de 2026

Brasil, organizador de la pasada COP30, urgió este martes a acelerar la salida de los combustibles fósiles según las circunstancias de cada país del mundo, al publicar la hoja de ruta prometida en la últime cumbre climática.

La potencia sudamericana difundió su documento a pocos días de la COP31 de Antalya, prevista en esta ciudad turca del 9 al 20 de noviembre, donde se reunirán delegaciones de cerca de 200 países.

El texto es un intento por concretar el impulso creado con la histórica declaración de la COP de Dubái, en 2023, en favor de una salida progresiva de los combustibles fósiles.

Este compromiso no figuró al cierre de la cumbre de Belém el año pasado, por la presión de los países productores de hidrocarburos. Pero a cambio, la presidencia brasileña anunció que promovería esta iniciativa voluntaria, consultando ampliamente a gobiernos, empresas e investigadores.

“Salir de los combustibles fósiles es urgente” y “posible”, afirma el documento de 182 páginas.

El texto “no crea nuevos compromisos” ni es el fruto de una negociación. Tampoco menciona ni evalúa a los países individualmente.

En su lugar, propone una metodología esquemática que establece distintos niveles de exposición, según la mayor o menor dependencia de los países en tanto que consumidores y productores.

En el caso de los países productores, recomienda revisar los subsidios al consumo de combustibles, formar a trabajadores para que cambien de sector y hacerse con un colchón fiscal suficiente con el que financiar una diversificación.

En el caso específico de los países muy dependientes en tanto que consumidores, le muestra paso a paso qué hacer para satisfacer progresivamente su demanda a base de energía eólica y solar asequible.

“Está escrito para que cada país reconozca sus propias circunstancias en el análisis” propuesto, y actúe apropiadamente “en esta década crítica”, dice el informe.

- Producción alimentaria en riesgo -

“El lugar en que se encuentra Brasil es muy diferente de donde se encuentran Guyana, Noruega, Estados Unidos o Canadá”, expuso en un acto en Brasil Ana Toni, directora ejecutiva de la COP30.

“Cado uno de esos países tiene un tipo de combustible fósil”, que requiere transiciones diferentes en cada caso, insistió Toni, una de las principales promotoras del documento, que contó con aportaciones de más de 100 países.

Según precisó, el “novedoso” documento será abordado el 10 de noviembre en Antalya, antes de la cumbre de líderes prevista los dos días siguientes, pero no precisó en qué marco.

“Ahora corresponde a la Presidencia de la COP31 continuar el trabajo de Brasil, y a los países mostrar sus propios planes” hacia “economías limpias y resilientes”, comentó Katrine Petersen, experta del grupo de reflexión E3G.

El informe insiste en la urgencia histórica del momento, con un 75% de posibilidades de que el calentamiento global supere en el próximo lustro el objetivo de 1,5 ºC establecido en el Acuerdo de París de 2015.

Un escenario peligroso, que se puede hacer sentir también del lado de la alimentación.

“Sin una adaptación eficaz” a los efectos del cambio climático, “la producción global de alimentos podría caer hasta un 14% para el año 2050” y amenazar la seguridad alimentaria de millones de personas, afirma el documento.

El petróleo, el gas y el carbón representan el 73% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Brasil presentó en paralelo otra hoja de ruta para detener y revertir la deforestación a nivel mundial de aquí a 2030.

El documento fue publicado días después de la reelección del presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva.

Bajo su tercer mandato, la deforestación anual en la Amazonía brasileña -de agosto de 2025 a julio de 2026- alcanzó su nivel más bajo desde el inicio de los registros históricos en 1988.

En esta cita, la anfitriona Turquía ha fijado como una de sus prioridades la electrificación de la economía, para reducir emisiones y aumentar la eficiencia energética.

El objetivo, planteado de forma voluntaria, es que la electricidad alcance una cuota del 35% en el consumo global de energía de aquí a 2035, frente al 23% actual.

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