La fatiga y el calor, los molestos compañeros de viaje de los ciclistas del Tour
Aunque el pelotón del Tour de Francia recibió como una bendición las tímidas gotas de lluvia caídas durante la etapa del miércoles, los días pasados en el horno del Tour han agotado los cuerpos de los corredores, justo cuando se perfilan en el horizonte los Alpes.
"Hay un cansancio que realmente es más importante que en los últimos Tours"; luego de once etapas, Florence Pommerie, jefa de los servicios médicos de la carrera, puede constatar mejor que nadie los cuerpos extenuados, los rostros demacrados y las miradas desencajadas por el sol abrasador.
Desde el inicio de la Grande Boucle en Barcelona el 4 de julio, todo lo que ya de por sí es duro en la carrera más prestigiosa del mundo, se ha visto multiplicado con el mercurio superando los 40ºC.
"Es necesaria una energía enorme para enfriar el cuerpo porque, cuando hace bastante calor, cuando la temperatura sube, utiliza aproximadamente el 70% de su energía para refrescarse", explica la doctora Pommerie.
- Temperatura corporal -
La doctora subraya que la temperatura corporal después del esfuerzo puede alcanzar fácilmente los 39 grados. En ese momento, es necesario refrescar el organismo vertiendo agua sobre puntos estratégicos como la nuca, la cabeza, las extremidades o los antebrazos.
Aunque la totalidad del pelotón se entrena en estas condiciones con el "heat training", o "entrenamiento en calor", no es posible anticiparlo todo.
"Puedes hacer todo el heat training que quieras, pero cuando estás en carrera y te enfrentas a una semana de muchísimo calor, cuando cada día hace más calor, es muy difícil", subraya Mattia Michelusi, responsable de rendimiento en Cofidis.
El primer objetivo es gestionar la fatiga provocada por el calor: "Es el corredor que no consigue sacar sus vatios (...), que llega a la meta completamente fundido", explica Samuel Maraffi, médico de referencia en TotalEnergies.
El segundo es evitar a toda costa el golpe de calor ligado al esfuerzo o "heat stroke": "es realmente el golpe de calor por esfuerzo, (...) puede darse incluso cuando no hace calor", afirma Florence Pommerie.
"Es cuando uno empieza a sufrir mareos, a ponerse muy pálido, e incluso llega a desmayarse", añade Samuel Maraffi.
Por mucho que los equipos técnicos lo intenten todo, desde bidones con hielo durante la etapa hasta colchones refrigerantes por la noche, la acumulación de días abrasadores acaba necesariamente por pasar factura.
"Aquí los corredores viven cuatro o cinco horas de carrera bajo un calor extremo, así que pierden una cantidad enorme de agua, y si eso se repite varios días seguidos, es casi imposible reponer toda el agua que se pierde, y el golpe de calor se vuelve más probable", explica Michelusi.
- Riesgo inmunitario -
y cuando el organismo se ve llevado al límite por las temperaturas caniculares repetidas, se hacen sentir otros daños en la salud.
Al enorme gasto de energía para luchar contra el calor puede añadirse "un impacto enorme en su sistema digestivo", con síntomas marcados que hacen que los corredores "absorban peor lo que comen", según Samuel Maraffi.
El médico del equipo francés subraya también "el impacto sobre el sueño". "Les cuesta dormir por la noche porque esto les fatiga más, (...) así que hay un gran impacto en la recuperación".
Y como en los periodos de gran frío, los corredores se ven sacudidos por el cansancio y, por tanto, están más expuestos a los virus: "Hay susceptibilidad a las infecciones, y el calor potencia un poco ese fenómeno", afirma Samuel Maraffi.