Ana Alonso, de un grave atropello al bronce olímpico
A finales de septiembre, Ana Alonso, bronce olímpico este jueves en el esprint del esquí de montaña de Milán-Cortina, creyó que sus Juegos Olímpicos se esfumaban: mientras entrenaba con la bicicleta en su Granada natal, un coche la atropelló y le provocó graves lesiones que le llevaron al quirófano.
Su lado izquierdo quedó muy castigado, de la cabeza a los pies, y sobre todo sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla, un percance que parecía fatal a menos de cinco meses de que su deporte tuviera su estreno olímpico.
"Han sido meses muy duros, sobre todo el primer mes y medio. He sido dependiente casi en todo lo que una persona tiene que hacer. Era duro ver que todo el mundo estaba ya entrenando para esto y para mí era difícil pensar en los Juegos Olímpicos cuando no podía caminar. Era imposible, como si estuviera pensando en volar", admitía esta misma semana al recordar lo ocurrido.
Su recuperación contrarreloj tuvo un momento importante cuando a principios de este mes quedó segunda junto a Oriol Cardona en el relevo mixto de la etapa de la Copa del Mundo de su deporte, el skimo, en Boí Taüll (Cataluña).
No pudo evitar llorar por la emoción por lo que había supuesto para ella el calvario de la puesta a punto olímpica, en una historia con final feliz que ahora corona con este bronce.
- Pérdida de su padre -
Pero si algo ha demostrado Ana Alonso (31 años) es que sabe reponerse a los golpes de la vida.
Desde niña sus padres le inculcaron el amor por la montaña y sobre todo por Sierra Nevada, el lugar emblemático de los deportes de invierno en el sur de España, en la provincia de Granada.
Ana empezó en el esquí de fondo con siete años y en principio ese iba a ser su destino.
Su padre Gerardo, guía en ese lugar natural de Andalucía, fue uno de los pioneros de lo que hoy se conoce como skimo en España, pero su historia quedó truncada por un accidente en la montaña en 2010, que le costó la vida.
Ana era entonces adolescente y lo recuerda como el peor momento de su vida.
Su llegada al esquí de montaña fue posterior a la muerte de su padre, pero siente que de alguna manera fue Gerardo quien le enseñó.
"Yo me inicié en el esquí de montaña con los amigos de mi padre y a ellos les había enseñado mi padre, así que siento que de alguna manera se cerraba un círculo así", contó en una entrevista con el Comité Olímpico Español (COE).
- Problemas de salud -
En 2018, la salud le frenó. A una grave lesión de tibia-peroné siguieron dos intervenciones por problemas de ritmo cardíaco.
Tras esas malas experiencias de salud, se fue un verano a trabajar de camarera a Mallorca para aislarse unas semanas de su vida cotidiana.
Con la salud y la motivación recuperada, fue haciéndose un nombre cada vez más importante en el skimo, primero en España y luego en Europa, el lugar del que son los principales competidores de este deporte.
En el Europeo de Flaine (Francia) en 2024 fue campeona en el relevo mixto junto a Cardona y subcampeona en la prueba individual de esprint.
Un año después, en el Mundial de Morgins (Suiza), fue plata de nuevo en el relevo, con su compañero catalán de nuevo, y rozó el podio en el esprint individual, siendo cuarta.
Ahora la medalla de este jueves es el mayor éxito de su carrera, la recompensa a sus batallas contra la adversidad y una de las historias de superación más bonitas de esta quincena olímpica en Italia.