Cultura

Nadie puede amar a quien no conoce

09 de abril de 2020

Recuerdo  el día que mi amiga Katia me habló de Jesús. Decía que ya no estaba colgado en una cruz sino que era el mismo de ayer, hoy y siempre.

 Sus ojos les brillaban y me transmitían el gozo que ella sentía cada vez que me explicaba cómo su relación con Jesús había cambiado su vida.  Que solo Jesús merecía toda su devoción porque fue el único que murió por ella y su tumba permanece vacía.

Esa noche me preguntaba: ¿Cómo podía Jesús estar tan cercano a una persona hasta el punto de cambiar su vida; si el Jesús que yo me imaginaba debía estar en los cielos a lado del Padre atendiendo asuntos transcendentales, y solo accesible a través de sacerdotes, monjas y otros miembros del clero?

Así que mi curiosidad me llevó a investigar. Comencé leyendo la Biblia. Pero luego tuve otra duda: ¿Cómo sé que la Biblia es confiable?

En esta nueva investigación me encontré con pruebas abrumadoras.  Descubrí evidencias históricas, arqueológicas, científicas, proféticas, bibliográficas, etc.

FF Bruce, con un doctorado de la Universidad de Manchester y experto número 1 en manuscritos, dijo:  “Las evidencias de los escritos del Nuevo Testamento son mucho más confiables que cualquiera de las evidencias de muchos otros escritos de autores clásicos, las cuales nadie se atrevería a cuestionar hoy en día.”

Encontré listas de intelectuales famosos, inicialmente ateos, quienes trataron de refutar la “Resurrección” (la base del cristianismo) y terminaron siendo los más férreos defensores del mesianismo de Jesús y de su resurrección. Por otro lado, las evidencias bibliográficas otorgan al Nuevo Testamento un 99.5% de pureza de precisión, el más alto que cualquier otro texto de la antigüedad.

Entre las profecías, fue ISAÍAS 53 la que me dejó deslumbrada, ya que fue escrita hace más de 700 años antes que naciera Jesus.  Es una analogía paso a paso sobre la pasión y sufrimiento de Jesús, que narra detalles específicos sobre su muerte, y su sacrificio por nuestros pecados.

Así como ésta, seguía encontrando más evidencias y profecías. Pero entre más conocía y profundizaba acerca de Jesús a través de Su Palabra, empezó a brotar en mí un profundo agradecimiento y amor hacia Él.   Es cierto lo que dicen: nadie puede amar a quien no conoce.

Han sido 24 años de mi relación con Jesús, confirmando que hay un Dios que se encarga de mis problemas, que tiene cuidado de mí, y que me ofrece la vida eterna.

Hoy puedo decir que Jesús cambió mi historia, y que el mismo brillo de los ojos de mi amiga Katia ahora también se encuentra en los míos al recordar el sacrificio tan grande que hizo por mí en la cruz del calvario “para que todo aquel que en El crea no se pierda, mas tenga vida eterna”.
 

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