Miles de jóvenes participaron en el Encuentro Nacional de Renovación Juvenil en Chitré
Música, canto, baile y aplausos que alimentan el alma se escucharon en el gimnasio del Colegio José Daniel Crespo en Chitré, provincia de Herrera, durante el Encuentro Nacional de Renovación Juvenil. En esta edición participaron al menos cuatro mil personas cuyas edades oscilan entre los 13 y 30 años.
El evento, que se extendió del 22 al 25 de enero, se desarrolló bajo el lema “Abran su corazón delante de Él”. Esta es una clara invitación a mirar a Dios a los ojos sin miedos, dudas ni secretos, y a que, con mucha confianza, los jóvenes abrieron sus corazones como niños.
Este llamado está contenido en el Salmo 62:8, que anima a las personas a confiar en Dios, a derramar su corazón ante Él en oración y a reconocerlo como su refugio y amparo, informó la Iglesia católica a través de un comunicado.
Mario Castañedas, uno de los coordinadores de la Comisión de Medios, quien ha estado involucrado en la creación de contenidos para el encuentro, explicó que “desmenuzaron” el lema y el Salmo para que el contenido transmita el mensaje deseado.
“El lema de este año nos invita a crear un vínculo con nuestro Padre que está en el cielo y con los padres terrenales”, indicó Castañedas. “A pesar de tener dudas, Él siempre nos va a amar. Es bueno hablar de refugio, porque el gimnasio del Colegio José Daniel Crespo siempre ha sido un hogar para los jóvenes y este encuentro, como tal, es un refugio para ellos”, destacó.
Castañedas subrayó que en el encuentro de este año participan jóvenes de todo el país y de otras partes del mundo, aunque por el momento no se cuenta con el detalle de todas las nacionalidades. “Siempre intentamos ‘hacer lío’, como pidió el Papa Francisco; nos adaptamos al joven, lo involucramos y nos conectamos con él. A Jesús lo tildaron de loco y aquí todos estamos locos. Eso de hacer lío es hacer locuras por el Señor y, si nos siguen criticando como lo hicieron con Jesús, qué bien que lo sigan haciendo”, expresó.
Durante 47 años, la juventud católica panameña ha sido la protagonista de este encuentro. Esta tradición comenzó con el padre Segundo Familiar Cano, quien llegó a Panamá en el año 1965.