El Vivero de Edna florece entre historia
En una de las calles que conecta Santa Ana con el Casco Antiguo, un terreno que durante años permaneció vacío y deteriorado, ahora es un espacio dedicado a la naturaleza, el aprendizaje y la conservación. Se trata del Vivero de Edna, un proyecto comunitario que nació en 2022 a partir de una iniciativa impulsada por la israelí Edna durante la pandemia, para acercar a niños y adolescentes al cultivo de alimentos y al cuidado del medio ambiente.
Lo que antes era una propiedad afectada por un incendio y marcada por el abandono, hoy alberga plantas, actividades educativas y el primer aviario interactivo de la ciudad de Panamá.
“Surgió la necesidad de trabajar con los niños y adolescentes de la zona, enseñándoles sobre huertos y la posibilidad de cosechar frutas y vegetales para su propio consumo”, explicó Leily de la Hoz, anfitriona del vivero.
Con el paso de los años, el proyecto amplió su alcance y se convirtió en un espacio abierto para toda la comunidad. Además de la venta de plantas, ofrece herramientas didácticas para leer, pintar, escribir y aprender sobre la relación entre las personas y la naturaleza. Uno de sus principales atractivos es el aviario interactivo, que comenzó con ocho aves y ahora alberga 46.
“Muchas de ellas llegaron al lugar luego de ser entregadas por personas que buscaban un espacio adecuado para animales nacidos en cautiverio”, señaló De la Hoz.
El proyecto también promueve la educación sobre las aves. Según explicó la anfitriona, una alimentación balanceada, espacios adecuados y evitar la humanización de estos animales son claves para su bienestar. El ingreso al aviario tiene un costo de $8 por persona e incluye semillas para alimentarlas, orientación y asesoría a propietarios de aves.
ml | Además de las visitas, el vivero desarrolla programas ambientales. Este 3, 4 y 5 realizan vacacionales dirigidos a niños, con jornada de pintura, elaboración de semilleros y una expedición especial enfocada en las aves. La iniciativa busca que los participantes conozcan más sobre la conservación y desarrollen una conexión directa con la naturaleza desde niños. “No es necesario realizar reservaciones, excepto con grupos mayores de ocho personas”.
ml | Leily de la Hoz es una pintora que llegó al vivero mientras trabajaba como muralista en proyectos de embellecimiento de Calle 13. Buscando un lugar donde guardar sus materiales de trabajo, conoció el espacio cuando todavía era un terreno descuidado. Con el tiempo comenzó a mejorarlo.