Opinión

Una folclórica forma de hablar

11 de agosto de 2022

Extranjeros que por alguno motivo aterrizan en Panamá – para hacer negocios, huyendo de sátrapas que gobiernan en sus respectivas países  o espantados por las condiciones miserables que viven en su tierra natal  --  tienen que amoldarse a nuestras costumbres e interpretar nuestra folclórica forma de hablar que es única de América Latina y el Caribe. 

Vivimos embriagados de fiestas, a tal extremo que consideramos que un  músico –con maracas, trompetas y tambor –  puede  gobernar esta nación inundada de complejidades, además somos  ilusos  al pensar que en esta patria con “ tantas cosas bellas”,a la primera magistratura de la nación se puede llegar por control remoto sin embarrarse de los problemas cotidianos.

Olvidemos, momentáneamente, la hambruna electoral que se ha desatado y escupamos expresiones que nos caracterizan como panameños. Leamos:
 

Tomar un atajo es “charcotear”.
A las mujeres les decimos “guiales” y a los hombres “manes”,
Los afeminados son “ñaños”
 Los  tontos “ahuevados”.
 Mentalmente insanos son “gufis”.
 Los pretenciosos “mierderos”.
  El fanfarrón es “bulchitero.
  El hostigador es “rofión”.
Romances con abrazos y besos apasionados “rochin”. El avaro “pichicuma”.
 Al abogado se le dice ”tinterillo”.
Evadir es “chifear”
  Y el miedo es “culillo”.

Universalmente se asegura que “perro que ladra no muerde”, pero en Panamá consideramos que  “perro que ladra no muerde...mientras esté ladrando”.  Y a crónicas periodísticas como ésta se consideran ¡pendejadas literarias!.
* El autor es periodista. 
 

 Emilio Sinclair
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