Opinión

Un futuro gobierno de unidad nacional

14 de noviembre de 2023

En la mitología griega, el dios Zeus, enojado con Prometeo por haberle robado el fuego y habérselo dado a los humanos, le presentó a su hermano Epimeteo una mujer llamada Pandora, y le regaló para su casamiento una caja que contenía todos los males de la humanidad, diciéndole que no tenía que abrirla. La curiosidad pudo más y todos los males se escaparon. Solo alcanzó a volver a cerrar la caja cuando, ya los males esparcidos por el mundo, quedaba lo único bueno que Zeus había puesto en ella: La esperanza.

Desde hace cuatro semanas, Panamá entró en una zona de tormenta. En medio de las inclemencias, el país ha perdido la brújula y dejado en el aire interrogantes que lo definen como sociedad. ¿En qué tipo de sociedad quieren vivir los panameños?, ¿Qué es lo bueno y lo malo? ¿Qué es lo verdadero y lo falso? En un mundo dominado solo por la acción y condicionado por las respuestas instantáneas de las aplicaciones que atrapan desde el brillo del celular, es difícil crear un espacio y un tiempo para pensar las preguntas importantes que permiten la vida en común como sociedad. Si la capacidad de escuchar se reduce, también se acorta la empatía hacia los demás.

El país se encuentra ante la realidad de que las autoridades políticas revirtieron en la práctica el legado de concordia que forjó a Panamá como nación. “La concordia, -escribió José Ortega y Gasset- cimiento último de toda sociedad estable, presupone que en la colectividad hay una creencia firme y común incuestionable y prácticamente incuestionada, sobre quién debe mandar. Cuando esa realidad, única cosa que disciplina y limita a los hombres, se desvanece, quedan solo las pasiones en el ámbito social. El hueco de la fe tiene que ser llenado con el gas del apasionamiento”. La sociedad está convulsionada por los escándalos de corrupción y la impunidad con que actúa la clase política. Añádale el aderezo del contrato minero, que ha fracturado la convivencia y sumido al país en una vorágine de desestabilización e ingobernanibilidad, obligando al próximo gobierno a actuar con el coraje y la decisión tan extraordinarios como el desgaste político y personal de la actual administración. Quedarán muchas heridas por suturar. En esas circunstancias, el candidato que se posesione con mejores perspectivas debe generar un shock de confianza en la sociedad y demostrar que tiene las mejores condiciones para navegar en aguas turbulentas. No será tarea fácil. Deberá actuar con solvencia y aptitud, con astucia y con gestos de amplitud y generosidad. No tendrá una luna de miel, porque el trabajo que le espera es de dimensiones épicas. El candidato deberá diferenciarse del pasado y posicionarse como un potencial presidente experimentado, previsible, pragmático y abierto. Anclado en la idea de un gobierno de unidad nacional.

* Periodista y diplomático.

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